Revista Nº40 "INSTITUCIONES Y PROCESOS GUBERNAMENTALES"

 

RESUMEN

La crisis del coronavirus ha servido a la extrema derecha europea para relanzar su discurso contra el espacio de libre circulación Schengen, utilizando la propagación de la pandemia para culpabilizar a los emigrantes. Asimismo, la emergencia sanitaria ha desencadenado lo que algunos especialistas consideran “histeria social”, lo cual ha generado una oportunidad para estas fuerzas políticas de erosionar el discurso de los gobiernos tradicionales, promover la desconfianza en las instituciones y relanzar su agenda política de fronteras.

ABSTRACT

 

Coronavirus crisis has served the european extreme right wing to launch again its speech against free circulation space Schengen, using pandemic spread in order to blame emigrants. Besides, health emergency has triggered what some specialists call “social hysteria” creating a possibility for those political forces to erode traditional governments’ speech, promote distrust of institutions and re-launch their border policy agenda.

 

La extrema derecha europea ante COVID-19

Autor: MsC. Angel Rodríguez Soler[1]

La crisis del coronavirus ha servido a la extrema derecha europea para relanzar su discurso contra el espacio de libre circulación Schengen, utilizando la propagación de la pandemia para culpabilizar a los emigrantes. Asimismo, la emergencia sanitaria ha desencadenado lo que algunos especialistas consideran “histeria social”, lo cual ha generado una oportunidad para estas fuerzas políticas de erosionar el discurso de los gobiernos tradicionales, promover la desconfianza en las instituciones y relanzar su agenda política de fronteras.

Cuarentena, una población ansiosa y con miedos y una economía que entra en recesión: El escenario que se presenta a priori, para cualquier político de extrema derecha constituye un caldo de cultivo propicio para que la ciudadanía se sienta atraída por los mensajes más autoritarios, xenófobos y simplistas, a favor de la defensa de los Estados Nacionales contra los mecanismos de integración regional, en este caso Unión Europea (UE).

Ante tal situación, la respuesta inmediata de la extrema derecha en Italia, Francia o Alemania ha sido reclamar la introducción de controles más estrictos en las fronteras. Matteo Salvini, líder de la Liga Norte, en un mensaje de campaña pidió la dimisión del gobierno y el cierre de fronteras. Además, señaló que la irrupción del virus es culpa de "la entrada en inmigrantes de África"; sin embargo, en ese momento solo se había detectado tres casos: Egipto, Argelia y Nigeria. Por su parte, su hombre fuerte en el norte y presidente de Lombardía, Attilio Fontana, se puso en "auto-cuarentena" a pesar de no estar contagiado, asegurando que la inmigración amenaza la "raza blanca".

En este contexto, el político italiano, al estilo de un nacionalista, apeló a sus seguidores a comprar solo productos italianos. Asimismo es importante destacar que la ayuda de la brigada Herry Rivee de médicos cubanos así como el envió de 15 aviones con ayuda médica por parte de Rusia fue agradecida por parte de Fontana. Sin embargo, la prensa italiana, en específico La Stampa, argumentaron que el 80% de los equipos donados por Rusia estaban defectuosos y acusó de prestar esa ayuda con fines políticos y de propaganda. Como puede apreciarse los matices en el contexto de la emergencia sanitaria son variados y diversos evidenciando la fragmentación política no solo a interior de la Unión sino también a lo interno de los espectros políticos nacionales, incluso de una misma fuerza.

En Francia, Marine Le Pen, ha utilizado el pánico generado por el coronavirus para cargar contra sus dos principales enemigos: los inmigrantes y la Unión Europea. Por su parte exigió la reinstauración de unas fronteras que protejan a los ciudadanos “sea cual sea la situación”.

En Austria, el gobierno de Sebastian Kurz fortaleció los controles en la frontera italiana. Con la llegada del virus al país, el partido de la libertad de Austria (FPÖ) exigió poner en cuarentena a todos los inmigrantes indocumentados y solicitantes de asilo.

Por su parte, en Grecia, el gobierno de Nueva Democracia liderado por Kyriakos Mitsotakis, que actualmente cuenta con 158 escaños en el Consejo de los Helenos, realiza campaña de corte nacionalista y ha utilizado los casos de coronavirus detectados para militarizar aún más las fronteras y para relanzar su plan de construir campos de detención para los emigrantes, captando así a los partidarios del partido Amanecer Dorado.

En Hungría, el primer ministro Viktor Orbán ve el estado de emergencia como una oportunidad para reforzar su poder, más que como una medida temporal y proporcionada. El Parlamento húngaro aprobó el 30 de marzo una ley que permite a Orbán legislar por decreto durante un periodo indefinido de tiempo, suspender el Parlamento mientras dure el estado de emergencia sin límite temporal, posponer elecciones durante este periodo y endurecer las sentencias contra quien desinforme (léase contradiga) la versión oficial sobre la gestión de la crisis. Es decir, gobernar por decreto como mecanismo para afianzar su poder y erosionar la democracia, mientras saca crédito de la crisis; algo que Orbán ya hizo en 2015 con la crisis de refugiados y que lo llevó a declarar un estado de emergencia todavía vigente y que prorroga ahora indefinidamente[2].

En Polonia, las elecciones presidenciales están previstas para junio. Es así que el coronavirus también ha entrado en campaña, puesto que la oposición pide al gobierno de Ley y Justicia que “revele la verdad sobre los casos de coronavirus” que existen en el país.

Un caso que merece especial atención es el de Alemania. Desde la llamada "crisis de los refugiados" de 2015, Alternativa para Alemania (AfD), el partido que logró en elecciones federales de septiembre de 2017 ingresar al Bundestag, primera vez que ocurre dese la Segunda Guerra Mundial que un partido de extrema derecha entra de nuevo al juego político, convirtiéndose en la principal fuerza de la oposición al Gobierno de Gran Coalición de Angela Merkel.

Con la llegada del coronavirus desaparece del debate público. Se estima que, en comparación con los datos de hace un año, el impacto de los mensajes de la AfD en redes sociales, canal de comunicación de los ultraderechistas, se redujo a la mitad desde mediados de marzo a principios de abril.

También se refleja en los sondeos, una encuesta realizada por el periódico conservador Bild, el cual daba el 8 de marzo, antes de que comenzaran las medidas de aislamiento, el 14% de apoyo para la AfD y un 24% para la CDU de Merkel. Un mes más tarde, otra encuesta para el mismo diario coloca a la AfD con un 10,5% de apoyo y a la CDU, con un 37,5%[3].

Esto panorama de debe a que el AfD ha perdido espacio en el ámbito digital, que anteriormente replicaba sus mensajes hasta convertirlos en temas que los políticos no podían evadir. En este espacio, los mensajes centrada más en difundir teorías de la conspiración que en proponer los fundamentos de la AfD, que no acaban de encontrar una agenda común. Por ejemplo, primero criticaron a Merkel por no reaccionar a tiempo, para luego asegurar que las medidas de aislamiento social eran demasiado estrictas.

Dierk Borstel, analista sobre la extrema derecha y politólogo de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Dortmund, señala que en tiempo de crisis la ciudadanía confía más en el gobierno, del que esperan liderazgo mientras que los partidos de la oposición no tienen espacio para hacer sus demandas, incluso llegando a la censura.

En estos momentos el AfD se encuentra en una crisis interna. Una parte del partido se siente insegura debido a la decisión de la Oficina para la Protección de la Constitución de vigilar al sector más radical conocido como Der Flügel (el Ala) de Alternativa para Alemania, encabezado Björn Höcke, líder del grupo parlamentario del partido en Turingia, uno de los Estados donde los ultraderechistas tienen mayor apoyo.

Además de su posible división, la AFD no tiene ningún programa eficaz para esta crisis. Hasta ahora ninguno de sus “enemigos” construidos en sus relatos, como el Gobierno, los refugiados o la propuesta de UE de los coronabonos, pueden ser considerados responsables del virus. Esta manera de construir enemigos ha sido la base de la política de la AfD.

No obstante, la crisis que asistimos golpea a todas las clases, nadie puede saber con exactitud qué consecuencias sociales, culturales y económicas traerá, pero es probable que aumente la desintegración de la sociedad y la desigualdad. En el pasado, estas crisis siempre impulsaron fuerzas autoritarias, a menudo de extrema derecha.

El desencanto y la indignación de aquellos que se vean más afectados pueden traducirse en una pérdida progresiva de confianza de la Gran Coalición a favor de un partido como AfD, que intenta seguir presentándose como alternativa al sistema.

Alemania para enfrentar la crisis económica presenta índices mejores que los de España, Grecia o Italia. Al igual que en el sur de Europa, se espera que su desempleo, deuda y déficit sufran de manera sin precedentes.

Y, por último, se encuentra el papel de Alemania dentro de una cada vez más tensa y fragmentada UE, donde los fundamentos de la UE, están en crisis: la zona euro, el espacio Schengen y Brexit que puso fin a la ampliación continuada del proyecto de construcción europea. El coronavirus ha llevado a re-establecer fronteras internas, limitar la movilidad de personas, ver peligrar el mercado único y demostrar la insuficiente capacidad de movilización de recursos comunes para hacer frente a las crisis sanitaria y económica[4]

Precisamente fue la crisis del euro y el debate sobre los rescates a Grecia el momento de creación de Alternativa para Alemania en 2013. El entonces recién fundado se quedó fuera del Bundestag por solo unas décimas al no lograr el 5% para obtener representación.

Ante el avance del coronavirus, se evidenció la incapacidad por parte de la UE de coordinar medidas cuya responsabilidad recae, ante todo, en los estados miembros (política sanitaria o control de fronteras). Seguidamente, una serie de desarrollos alineados con las dinámicas actuales de la política internacional (“mi país primero”), traducidas en la limitación de exportaciones de material sanitario entre estados miembros o el cierre de fronteras nacionales, a lo que se sumó una falta de coordinación en el plano europeo de las medidas tomadas por los estados.[5]

En tal sentido, Angela Merkel rechaza a los coronabonos, postura que comparte la AfD, pero cualquier aportación de Berlín a un fondo común europeo será aprovechado por los ultraderechistas para reforzar  su crítica a la UE.

Sin duda, la extrema derecha europea y la derecha mediática se retroalimentan para colar en el 'mainstream' ideas sobre el coronavirus que dibujan un estado de amenaza constante, la explotación del miedo a lo diferente y la obsesión por los culpables externos.

Referencias:

Esther Barbé y Pol Morillas (2019), “The EU global strategy: the dynamics of a more politicized and politically integrated foreign policy“, Cambridge Review of International Affairs, 32:6, 753-770, DOI: 10.1080/09557571.2019.1588227.

González de Molina Soler, Pedro: “La crisis de la UE en los tiempos del COVID-19”,

 

Pérez de la Cruz, Javier: “Alemania La extrema derecha alemana, en cuarentena”, Diario Público, 2020

Morillas, Pol: “Lecciones de una crisis global: coronavirus, orden internacional y el futuro de la UE”, CIDOB, notes internacionales, No. 231, 2020



[1] Angel Rodríguez Soler es Máster en Historia Contemporánea y Relaciones Internacionales
(2011, Universidad de La Habana). Licenciado en Historia (2007, Universidad de La Habana). Actualmente
Investigador y Profesor del Centro de Investigaciones de Política Internacional (CIPI). Ha desarrollado varias
investigaciones y asesorías sobre estudios europeos y de comunicación política. Es autor de numerosos
trabajos relacionados con estos temas. Coordina e imparte diversos cursos de grado y posgrado en la
Universidad de La Habana, Universidad de Ciencias Informáticas y la Universidad de Artemisa. Entre 2007
y 2016 fue investigador y profesor de la Universidad de las Ciencias Informáticas. (angelrsoler@gmail.com)

 

[2]Morillas, Pol: Lecciones de una crisis global: coronavirus, orden internacional y el futuro de la UE, CIDOB, notes internacionales, No. 231, 2020

[3] Pérez de la Cruz, Javier: “Alemania La extrema derecha alemana, en cuarentena”, Diario Público, 2020

[4]O “forceforgood”, tal y como en su día la caracterizó el antiguo Alto Representante, Javier Solana. Véase Esther Barbé y Pol Morillas (2019), “The EU global strategy: the dynamics of a more politicized and politically integrated foreign policy“, Cambridge Review of International Affairs, 32:6, 753-770, DOI: 10.1080/09557571.2019.1588227.

[5]Morillas, Pol: Lecciones de una crisis global: coronavirus, orden internacional y el futuro de la UE, CIDOB, notes internacionales, No. 231, 2020