Revista Nº29 "ACTUALIDAD"

 

 

RESUMEN

En el presente ensayo, se analizará la situación actual de Venezuela, en materia política – institucional, el autor criticará ciertas actitudes unívocas del régimen, como así también abrirá el debate sobre la sumisión del pueblo venezolano.

El lector podrá observar en este escrito, el tema del “cesarismo democrático”, y en algunos casos algunos otros podrán pensar que el actual gobierno de Venezuela no es más que una “tiranía de masas”.

 

 

ABSTRACT

This essay will analyse the current political and institutional situation in Venezuela. The author criticizes some regime’s unambiguous attitudes as well as he opens a debate on Venezuelan people’s submission.

The reader could detect “democratic cesarism” issue in this paper and in some cases, others could consider the current Venezuelan government as a tyranny of multitude.

 

LA SUMISIÓN DEL VENEZOLANO.

Dr. Francisco García Samaniego[1].

@franciscocipcom

 Venezuela de los últimos años viene en franco declive en sus instituciones republicanas, como consecuencia de la trampa de la revolución bolivariana, forajida y populista desde sus comienzos y ello se desprende de un liderazgo de tipo personal proyectado desde el ejecutivo. En tal sentido Ángel Oropeza y sus colaboradores han estudiado el fenómeno de la sumisión desde varias disciplinas, (hace ya varios años atrás, pero que hoy vuelvo a repetir por la grave situación del venezolano) en especial desde la ciencia política, la historia y la psicología política, para explicar las actitudes del ciudadano con respecto a sus formas de participar, y se visualiza una cultura política de dominación y resentimiento. Una peligrosa bomba social que puede explotar en cualquier momento, y por lo cual hay que advertir y prevenir sus posibles consecuencias de seguir el régimen de Maduro en el poder.

        Por ello, para A, Oropeza, “la sociedad venezolana ha ido aceptando un proceso de dominación que contraviene los valores que, supuestamente han servido de fundamento a nuestra idea de nación a saber: libertad, democracia, alternabilidad en el poder, división de poderes, institucionalización de las fuerzas armadas, etc.” En sí, la revolución promueve y promovió la perdida de los valores básicos de la sociedad en su conjunto.

        Del fenómeno Chávez y su adulante arlequín, Maduro, como lo han denominado ya muchos especialistas en la materia, se busca explicar el por qué unos personajes de corte militar han trastocado las instituciones de la democracia venezolana, aunado a un cambio radical en las formas de hacer de la democracia como forma de vida ciudadana, en donde se pretende, por parte del pseudo-liderazgo personalista avasallar hasta los componentes de la vida privada de los venezolanos en un proyecto desmitificador de la historia patria. Hay que decirlo sin ambages, unos rateros de la república.

        Por lo tanto, nos anuncian que: “nunca como ahora los mecanismos democráticos habían sido manipulados tan hábilmente para desmontar la democracia misma”.

        Si bien el análisis busca comprender cómo de una democracia de partidos y de instituciones democráticas estables en Venezuela, se pasó a un declive como el que se viene manifestando, parte de una tragedia nacional. Es decir, “que democráticamente estamos construyendo una tiranía en la que las instituciones, la división de poderes y los sistemas electorales confiables se han desmontado de manera lenta, pero progresiva y sistemática”.

        En nuestro devenir histórico en épocas conflictivas sigue presente ese cesarismo democrático (la mano dura, el caudillo de siempre, en contra de toda institucionalización como componente rutinario de nuestra cultura política) que en su momento analizó Vallenilla Lanz, en su célebre obra el Cesarismo Democrático. 

Es decir, todo el poder para el pseudo-líder en contraposición de estructuras partidistas sólidas. Que precisamente por la crisis de los partidos políticos tradicionales (en la década de los años 80 y 90 del siglo XX) se pasa a formas anti partidistas de manejar la democracia y sus instituciones como componente antipolítico en liderazgos personales de corte militar delincuencial.

En tal sentido, A, Oropeza destaca que la dominación y la sumisión, no son conceptos equivalentes. Así, “el primero supone la posibilidad permanente de la coacción física, y necesita del monopolio del ejercicio de la violencia y la fuerza. La sumisión, por su parte, implica una actitud psicológica de entrega y alienación, aún en ausencia de la fuerza física, y en ocasiones sin que haya conciencia por parte de la persona de estar en tal condición o situación”.

Clara manifestación de violencia, y por la otra de sumisión en contra del ciudadano se percibe en la total escases de productos de la cesta alimentaria, medicinas, repuestos, y pare de contar, el paro total de las fuerzas de producción en Venezuela. Propósito llevado a cabo adrede por el régimen desde hace años, en la revolución de los idiotas, un socialismo fracasado en todos partes del mundo. Una trampa ideológica de las brujas de la izquierda latinoamericana y castrista. Para llenar los bolsillos y billeteras con los petrodólares robados a una nación por una pseudo-elite corrupta. Un robo de más de mil billones de dólares. La estafa más grande registrada hasta ahora.

Y por ello, el análisis de la sumisión chavista parte de, “un proyecto de dominación donde coexisten elementos fascistas, militaristas y estatistas, adornados por arengas y argumentaciones de inspiración marxista”. Una sopa de letras ideológica podrida desde sus orígenes teóricos.      

  En este sentido A, Oropeza da con una tipología de los sumisos Chavistas en Venezuela destacándose: 1-los oportunistas de ocasión; 2-los nostálgicos de la Venezuela heroica; 3-los ingenuos; 4-los aduladores de charreteras; 5-los viudos de la izquierda Bolchevique; 6-los revolucionarios de buena fe; y, 7-los que necesitan ser mandados; “ordene comandante, yo no soy nadie, yo estoy aquí para servirle”. La sumisión total que se destaca en las formas de desgobierno actual y de los borregos del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y las Fuerzas Armadas venezolana.

Por su puesto el declive de la voluntad de muchos da píe, por los altos niveles de desconfianza en los políticos a formas plebiscitarias dentro del manejo del Estado, y de allí, bajo un discurso de igualitarismo fundamentado en un paternalismo de Estado que deviene por el claro declive en la confianza interpersonal. Que da como resultado pseudo-liderazgos de corte populista y militar pretoriano a las alforjas de generales incapaces para la solución de los problemas de escases y desabastecimiento de la economía, bajo una inflación de más de 720%, la más alta del mundo. El éxito de la revolución, millones de venezolanos buscando seguridad en otras latitudes y miles corriendo por la frontera con Colombia y Brasil para alimentarse. Un apartheid del socialismo del siglo XXI.

Pues bien, dadas las condiciones para el chavismo- madurísmo militar, la democracia se asume de manera vertical. En donde las rendiciones de cuentas hacia el ciudadano no se visualizan, más un clima de tradición ideológica tórrida leninista y ceresoliana, con un líder fuerte, único, que se piensa insustituible precisamente por la total destrucción de formas partidista de organizar la sociedad. Sin controles ni contrapesos a su poder.

Así el asunto se plantea cómo la Venezuela de Chávez a partir de 1998, y luego con el paisa Nicolás Maduro del 2013 a la fecha desde su postura autoritaria, la cultura política de los venezolanos es sin duda su carácter dinámico y cambiante, que en la tesis de Richard S. Hillman se presenta como una sociedad paradójica. Sociedades sumisas. O, para Uslar Pietri, sociedad de pendejos.

 Es decir, el venezolano (desde sus posturas anti-políticas en el poder ejecutivo) no responde a instituciones, sino a personalidades mistificadoras que destruyen el proceso de democratización que venían en marcha en las décadas del bipartidismo y la partidocracia. Precisamente por ello el declive, por la falta de atención de los partidos políticos de antaño para la solución de los conflictos sociales, colándose en la política venezolana personajes arropados bajo posturas anti-democráticas.

Asimismo, en la misma línea discursiva Axel Capriles M observó: “La obediencia patológica”. Se analiza desde un punto de vista histórico, cómo en Venezuela, “todas las revoluciones han prometido convertir al pueblo en fuente de soberanía y el poder. La revolución azul, la revolución de abril, la revolución legalista, la revolución liberal restauradora y la revolución bolivariana”.

Evidentemente se pretende por parte de toda revolución totalizante el método de la agresión desde los gobernantes hacia el “pueblo – masa”. Es decir, “el método de la agresión es una herramienta de control social, la técnica de dominio predilecta de los regimenes totalitarios. El fundamento psicológico de estos regímenes es el miedo, procuran atemorizar a la población para someterla y obtener su obediencia”. De allí que Venezuela sea el tercer país más peligroso y violento del mundo.

Todo ello se refuerza en buscar las potencialidades del resentimiento social por las crisis sociales. Así el miedo como mecanismo político, de control y obediencia que se basa en el engaño, en la manipulación de las emociones proyectadas en discursos, en la limitación de la información, en las bases de la ignorancia, “todo lo cual facilita la manipulación emocional de construir enemigos y concentrar la lucha en su enfrentamiento, dando la sangre y el alma para orgullo de un solo “héroe”. Y esto tiene su contrapartida en asignarles a las expresiones de temor un componente de deslealtad. Traición o de disenso”.

En tal sentido para entender el sectarismo político en el cual corre algunas proto-democracias en el caso venezolano de los últimos años, basta el análisis sobre el “sectarismo político” de Franzel Delgado Senior que pone en claro, cómo las estructuras mentales de las sectas políticas dan paso a la destrucción de la convivencia democrática. Veamos entonces algunas de sus características: a) sumisión incondicional a un líder, a quien se le debe sumisión absoluta, pues se considera predestinado a cumplir una misión que solo él puede lograr; b) anulación a toda crítica interna y externa desdeñando el pensamiento plural. Es decir, confrontación permanente por parte del “líder” a todo opositor; c) persecución de objetivos económicos enmascarados bajo una ideología, destinados sólo a reforzar el poder del líder; d) fábrica de palabras, frases y consignas para descalificar a quienes no pertenecen a la secta, a quienes se consideran inferiores; e) uso de algún color y vestimenta particular para identificarse y darse fortaleza de grupo; Y por último, prohibición de abandonar a la organización, y quien lo hace, es severamente penado. Tildado de traidor.

Y ello socava los cimientos de las democracias. Porque en definitiva el mundo ausente de políticas coherentes bajo el respeto de las instituciones de la democracia y el Estado de Derecho, la ley por sobre todas las cosas, es el mundo del terror y es precisamente allí en donde los lideres sectarios y ególatras de corte totalitario destruyen a sus sociedades. Como es el caso venezolano bajo el desgobierno de Nicolás Maduro y su tren de ministros y militares.

De allí que para Roberto De Vries; “las siete fallas que nos hacen sumisos o la autoevaluación que evadimos”. Nos hace referencia de manera sucinta de que: “una de las fallas del venezolano, gira entorno a la incapacidad para asociarse en forma comprometida”. Y evidentemente, “este déficit importante de capital social que se percibe en el país contribuye de manera decisiva en la generación de sumisión de muchos venezolanos, quienes ostentan el poder político, como forma sustitutiva para satisfacer aquella ausencia de capital social. Se hace entonces necesario buscar y estimular la presencia de líderes sociales que al tiempo que marcan una adecuada distancia en el poder político imperante tiene clara conciencia de la importancia de los valores compartidos con el resto de los venezolanos”. En definitiva, el uso del resentimiento de las clases más desposeídas en contra de las clases educadas. Lo que va promoviendo el uso indiscriminado de la violencia de un grupo de delincuentes contra la mayoría de la sociedad y promovido por el régimen desde el ejecutivo. Un Estado de forajidos. 

Se alude así, a la clásica tesis de Putnam y Coleman en la necesidad de construir Capital Social; bajo la confianza que los ciudadanos depositan en las instituciones, para de allí lograr acuerdos y propósitos para el buen desempeño de la democracia de calidad. Que es precisamente lo que en la Venezuela del fenómeno Chávez – Maduro se encuentra en franco retroceso en todas las instituciones políticas republicanas, dando píe a más conflicto social general.

En efecto, el padre Alejandro Moreno en: ¿sumisión política versus liberación popular? Destaca: “cuando la revolución se presentó como un proceso fundamentalmente político, la gente del pueblo no opuso resistencia, pero cuando se convierte además en cultural, en una suma de política y cultura, cuando amenaza realmente con ser represivo a fondo, hasta lo más personal de las posesiones y de las prácticas de vida cotidiana, cualquier movimiento en contrario se puede producir. No sabemos ni cual, ni cómo será, porque no tenemos antecedentes históricos de respuesta netamente popular a pretensiones como éstas, pues tan clara y profundamente contrarias al mundo-de-vida del pueblo no se habían presentado”.

Asimismo, se comprende; “con la revolución no se negocia, no se dialoga y no tiene resultado el ser vivos. La revolución socialista es mucho más implacable que todo lo hasta ahora experimentado”.  El experimento bolivariano del socialismo del siglo XXI, es la máxima expresión de una cultura política totalitaria en la conformación de la dictadura.

 Fundamentalmente estas formas mesiánicas totalitarias en “las conclusiones no sumisas” de Ángel Oropeza, “la clase política hegemónica, y en especial su caudillo, han sido muy hábiles en ir reforzando paulatinamente aquellos componentes culturales psicológicos de nuestra alma colectiva que propenden al autoritarismo y la sumisión. Esta tarea además ha sido adecuadamente acompañada por el uso inteligente del miedo, el resentimiento y el odio, como argamasa sobre la cual se construyen, las razones y justificaciones de sometimiento”.

 Conllevando al sistema a las claras disfunciones no democráticas, provocan dentro de los sistemas políticos una ruptura en la operatividad de la gobernabilidad, ello desencadena en desgobiernos inoperantes. Por tanto, aumenta la crisis del Estado y promueve el caos institucional, generando con ello la ingobernabilidad de los sistemas políticos, y haciendo difícil lograr la creación de ambientes políticos y sociales idóneos para crear capital social.

Concluye A, Oropeza de forma muy atinada, que: “en la concepción política del chavismo, el pueblo es considerado siempre como una especie de eunuco, un eterno niño que necesita ser tutelado, que necesita la guía del garrote porque él mismo es incapaz de auto-gobernarse y, por tanto, el orden y la moral deben venir desde arriba, desde el poder”.

En fin, la lectura detallada y pausada de estos ensayos nos parece muy oportuna (y lo volvemos a repetir) a la hora de comprender nuestras realidades, y es una perspectiva que promete un genuino campo de reflexión para superar las adversidades en el sector público en la Venezuela extraviada para generar capital social. Mejores niveles de confianza societal y superar en gran parte la sumisión actual.

 



[1]  Politólogo. Magíster en Ciencia Política. (CEPSAL-ULA) Doctor en Ciencias Humanas. (HUMANIC- ULA). Miembro investigador del Centro de Investigaciones de Política Comparada (CIPCOM-ULA) de la Universidad de Los Andes. Mérida-Venezuela. Investigador acreditado por Programa de Promoción al Investigador (PPI – ONTIC) y el Programa de Estímulo al Investigador (PEI-CDCHTA -ULA) Universidad de los Andes. Profesor de la cátedra sociología Política Escuela de Ciencias Políticas ULA. E-mail: ffranciscogarciasamaniego@gmail.com Este trabajo está en el marco del proyecto de investigación financiado por el cdchta-ula. “Desgobierno y neopopulismo pretoriano en Venezuela. la destrucción del proceso de la descentralización”.  bajo el código: D-461-14-09-B. Y código: D-463-15-09-B ULA-CDCHTA. 2016.