RESUMEN
Retomando
preocupaciones de Popper, Dahrendorf y Sartori acerca de la supervivencia de la
democracia, analizamos causas y consecuencias de la expansión de la derecha
radical europea, con vinculación a la crisis de la representación tradicional y
la irrupción del movimiento social anti-inmigratorio. Para llegar a una
caracterización, abordamos el problema taxonómico y contrastamos a estos
partidos con catch-all party, desafiantes o anti-political-establishment
parties. Describimos las teorías sobre su emergencia y señalamos las
innovaciones que la ultraderecha produjo en el mundo político actual: batalla
del vocabulario; lepenización de los espíritus; totalismo ideológico y
financiamiento partidario por líderes millonarios.
Encuadrándolos
como “partidos amplios de protesta” distinguimos entre “apocalípticos” ó
“integrados” según sean refractarios o complacientes con los cambios sociales.
Relacionamos su crecimiento electoral con: actos de corrupción o ineficiencia
de los gobiernos; el hastío con la política; la atomización de los partidos
socialistas y de derechas; la aproximación al centro político de las
agrupaciones tradicionales que impide percibir diferencias entre contendientes.
El éxito de la extrema derecha se sustenta en el crecimiento exponencial de la
inmigración pobre y el acrecentamiento del miedo: a aceptar diferencias y
cambios, la pérdida de identidad nacional, al terrorismo, la americanización y
a la sociedad multicultural.
ABSTRACT
In an attempt to retake some issues
analized by Popper, Dahrendorf and Sartori related to democracy survival we
study here causes and consequences of expansion of radical european right wing
in a context of traditional representation crisis and the invasion of
non-inmigratory social movement. To come to a definition, we will compare those
parties to challenging catch-all parties. We will describe the theories about
its emergence and will point out the innovations the extreme right wing
introduced in political world: vocabulary battle; “Le Pen” friendly spirits;
ideological totalitarism and millionaire political parties financing.
Depicting those organizations as “wide
protest parties” we can divide them in apocalyptic or integrated ones according
their attitude towards social changes. Their electoral growth has to be with
corruption or governmental inefficiency; political boredom; proliferation of
socialist and right wing parties and the way how traditional parties tend to
moderate their ideas erasing the main differences between contenders. Extreme
right wing political success can be explained by the huge poor immigration
growth and increasing fear of accepting differences and changes, loss of
national identity, terrorism, americanization and multicultural society.
28LA EXTREMA DERECHA
EUROPEA: UNA TENDENCIA EN AUGE
Javier Pablo Marotte
1. Introducción
Karl Popper (1981:337) señala que “la democracia solo puede avanzar si los
principales partidos se adhieren a la idea de sus funciones.” Indica que el
método democrático no es irrestricto, ya que no ha de facilitar que a través de
sus mecanismos se instalen en el poder quienes no creen en la democracia, ni
están dispuestos a aceptar el pluralismo social o el ejercicio de la
tolerancia. Formula “la paradoja de la tolerancia”, que implica no ser
tolerantes con quienes no lo son (Ibíd: 512), encontrándose similar
planteamiento en Milton y Locke, para quienes “la tolerancia no debe extenderse
a los intolerantes”.
Dahrendorf
(2004), por su parte, se interroga: “¿qué pasa si quienes salen del poder creen
en la democracia, mientras que quienes los reemplazan, no? En otras palabras,
¿qué pasa si la gente "errada" resulta electa?” Análogas dudas expone
Sartori (2001:54) “¿Debe permitirse una democracia su propia destrucción?...
¿debe permitir que sus ciudadanos elijan a un dictador?” En Europa, partidos y
líderes de extrema derecha de dudosos antecedentes democráticos y prédica
xenófobo-racista han cosechado importantes éxitos electorales: baste mencionar
a Marine Le Pen (Frente Nacional) en Francia, Heinz-Christian Strache -sucesor
de Jörg Haider- (Partido de la Libertad) en Austria, Christoph Blocher (Partido
Popular) en Suiza, Nikos Michaloliakos (Amanecer Dorado) en Grecia, Volen
Siderov (Ataka) en Bulgaria, Geert Wilders (Partido para la Libertad) en
Holanda, Siv Jensen del Partido del Progreso en Noruega, Jimmie Akesson
(Demócratas Suecos) en Suecia, Bruno Valkerniers y Filip Dewinter (Vlaams
Belang) en Bélgica, Nick Griffin (Partido Nacional Británico) en Reino Unido, Pia Kjaersgaard (Partido
Popular Danés) en Dinamarca, o Timo Soini (Auténticos Finlandeses) en Finlandia.
Martínez
Albaiceta (1974:20) define las derechas [1] y las izquierdas diciendo que: “son relaciones entre
ideologías contrarias.” McGee Deutsch (2005:21) agrega que: la derecha se
consolida en reacción a las tendencias políticas igualitarias y liberadoras del
momento y a otros factores que a su juicio socavan el orden social y económico;
teme que los impulsos niveladores y los ideales revolucionarios universales
debiliten el respeto por la autoridad, la propiedad privada y las tradiciones
que valora. La mayoría de los autores tiende a considerar “derecha” a la vertiente
liberal y conservadora y “extrema derecha” a las vertientes tradicionalista y
nacionalista.[2]
Los
politólogos no son unánimes sobre los motivos de clasificación para definir a
la ED; asociaremos para ello tres criterios: a) la situación en el espacio
político (el partido más a la derecha); b) la ideología: que sea neofascista,
tradicionalista o neorracista, oponiéndose tenazmente al igualitarismo, el
izquierdismo y todo cambio que consideren amenazador para los intereses que
defienden; c) la actitud hostil hacia la democracia representativa o liberal
(Ignazi, 1994).
Estableceremos el significado de ED, dado que se designa con esa expresión a un
conjunto abigarrado de fenómenos sociales y políticos en los que a veces caben
quienes no lo son, producto de una mistificación semántica; y en otros quienes
sí lo son, formulan eufemismos para quitarse lo oprobioso de la calificación.
Un extremista de derecha es el individuo que presume de sus convicciones
conservadoras, nostálgico de un orden inmutable que quizás sólo existe en su
imaginación. Es reaccionario, ultramontano, opuesto a las innovaciones,
estatista y reluctante a la inmigración. Incorrectamente se llama ED a todo
partido contrario a la inmigración masiva. Todos los partidos de ED son
anti-inmigración, pero no todos los partidos anti-inmigración son de ED. El
término se utiliza en ocasiones con ánimo de descalificar a algún dirigente o
partido político que no se encuentra de acuerdo con lo que hoy se interpreta
como la buena gobernanza. Guy Hermet (2003:5) dice que basta asignarle a
cualquier fenómeno político el adjetivo “populista” (como sinónimo de ED), sin
definirlo, como insulto universal, signo de infamia, u objeto condenable.
En
el ensayo habremos de focalizar nuestro interés en el análisis de las causas y
consecuencias de la expansión de la derecha radical europea, con especial
vinculación a la crisis de la representación tradicional y la irrupción del
movimiento social anti-inmigratorio; abordaremos el problema taxonómico y
formularemos la caracterización de estos partidos evaluando la posibilidad de
considerarlos catch all party, partidos desafiantes o anti-political-establishment
parties. Asimismo, describiremos las cinco teorías más difundidas sobre la
emergencia de estas formaciones partidarias y señalaremos cuales son algunas de
las innovaciones que la extrema derecha ha producido en el mundo político
actual: la batalla del vocabulario; la lepenización de los espíritus; el
totalismo ideológico y el financiamiento partidario por líderes y seguidores
millonarios.
2. Expansión: causas y consecuencias
Los movimientos extremistas en Europa, tanto occidental como central y
oriental, pueden ser clasificados en cinco categorías con arreglo a la
ideología que encarnan, a saber:
a)
La extrema izquierda terrorista, favorable para destruir por violencia armada
el orden constitucional;
b)
Los movimientos armados de tipo nacionalista-independentista o al contrario
antiindependentistas, que pretenden favorecer la secesión de una provincia o de
una etnia o bien impedirlo;
c)
Los movimientos armados islamistas y ramas europeas de estos partidos,
magrebíes o de Medio Oriente;
d)
En Europa central y oriental principalmente, los partidos comunistas reformados
que no aceptan ningún compromiso con el orden institucional que resulta de la
democratización;
e)
Los partidos y los movimientos de ED que vehiculizan la desconfianza hacia la
democracia representativa, el racismo y la xenofobia, el antisemitismo y el
negacionismo, en proporciones por otra parte diversas.
Esta
clasificación no es exhaustiva: también se desarrollan los nacionalismos
étnicos que sobrepasan toda clasificación ideológica y que desestabilizan las
democracias. Tal es el caso de las facciones más duras de los nacionalismos
balcánicos, hostiles hacia toda forma de coexistencia de varias razas en el
mismo suelo.
Un repertorio de partidos desde Portugal a Rusia y desde Escandinavia hasta
Grecia impulsados por el temor a la globalización, a la inseguridad, al
fantasma de la inmigración descontrolada y el multiculturalismo concitan la
adhesión de los ciudadanos en las elecciones. Este fenómeno se evidencia desde
los años ´90 y se ha extendido, incluso a sociedades que parecían impermeables
a la UD, como Suecia o Reino Unido. La ED regresa, no bajo la forma del
fascismo anterior a 1945 y tampoco del nazismo totalitario que propugnaba el
exterminio, pero sí mediante una renovada modalidad de la ideología racista que
constituye un nuevo tipo de ataque a la democracia. Se encuentran a medio
camino “entre el pasado heredado y la necesidad de adaptarse al futuro”
(Casals, 2005).
Se
trata de un fenómeno distinto y de alcance continental, propiciado por el
agotamiento del discurso de los partidos políticos tradicionales y su impericia
ante los efectos no deseados ni previstos de una copiosa inmigración. Son
formaciones de nuevo tipo; dispares entre sí, pero confluentes en lo ideológico
y aglutinables en temas de términos o coyunturas; con un electorado en parte
también procedente de la izquierda, de la que incorporan elementos propios del
progresismo, como la protección social. Incluso hacen suyos conceptos del
discurso antiglobalizador, como el rechazo del pensamiento único, cierto
antiamericanismo y la "regresión comunitarista"[3].
Junto con Paxton (2005:203) nos preguntamos: ¿Hay condiciones bajo las cuales
algún tipo de neofascismo pudiera convertirse en actor lo suficientemente
poderoso de un sistema político como para disponer de influencia política? Por
neofascismo entendemos a todo movimiento político y social que intenta
restaurar los regímenes políticos fascistas. Nolte (1963) expone que, si bien
el fascismo existía luego de 1945 fue despojado de su significación real. Payne
(1995:496-520), expresa que el fascismo específico no puede recrearse ni
existir después del fin de la II Guerra Mundial -al menos en la misma forma-.
Tampoco se dan en Europa las condiciones de entreguerras.
A
la ED se le acusa recurrentemente de revivir el fascismo. Lo niegan con similar
insistencia. A la par hay movimientos luego de 1990, que se parecen demasiado
al fascismo [4] o denotan cierta
nostalgia “restauracionista”. Pero ¿hay algo que justifique que llamemos a
estos partidos de segunda generación “fascistas” o “neofascistas”, dado que
ellos lo desmienten con vehemencia? Pueden parecerlo, pero ya no atacan la
libertad de mercado y al individualismo económico (han renunciado al
corporativismo). No manifiestan hostilidad a las constituciones políticas de
sus Estados y a la soberanía de la ley. Tampoco proponen la expansión nacional
a través de la guerra.
Algunos
partidos son secesionistas como el Vlaam Belang de Bélgica y la Lega Nord de
Italia. Pero no existe ninguna oportunidad significativa de acceder al poder
para partidos abiertamente afiliados al fascismo clásico. [5] El crecimiento de
los partidos de ED durante los años ´90 fue hecho efectivo merced a un aggiornamiento
ideológico que les era indispensable debido al descrédito que abofeteaba desde
1945 a los movimientos que apelaban al nazi-fascismo, o a los regímenes
autoritarios (franquismo, salazarismo, rexismo belga). Para adquirir relevancia
en el orden político y social, Rodríguez Jiménez (1998) entiende que debieron
atravesar tres fases, que denomina «el peso de la derrota» (1945-1960), «el
asalto a la democracia» (1960-1982) y «la vía electoral» (1982-1995). Agregamos
que desde 1995 se hallan transitando la etapa de la consolidación.
Los partidos incluidos en la UD no tienen un ideario homogéneo. Los hay
nostálgicos, como los franquistas o los neo/posfascistas; anarco-capitalistas
como Samoobrona de Polonia; euroescépticos y anti-inmigración no europea, la
gran mayoría de ellos; algunos ocultan su real ideología y se presentan como
tolerantes, liberales, progresistas y pacifistas; finalmente en algunos la
simbología y las propuestas remiten al nazi-fascismo. Con Alter (1989),
reconocemos la diversidad de los nacionalismos, tanto en su formación
ideológica como en sus realizaciones.
No
soslayemos que esas formaciones, englobadas bajo la fórmula genérica de
“extrema derecha”, encarnan fenómenos diversos y constituyen partidos que en
muchos casos no son asimilables y que tampoco han de etiquetarse bajo un
parentesco ideológico (análogo del que se sirven las grandes familias políticas
europeas: socialistas, comunistas, populares, verdes.) La evidente
manifestación de ello es su concurrencia por separado a las elecciones
comunitarias y su pertenencia a distintos grupos políticos en el Parlamento
Europeo.
Mientras
que la xenofobia (provocada por los temores acerca de la inmigración, la
ampliación de la UE y las presiones de la globalización) ha sido el motor del
extremismo en Europa Occidental, el radicalismo xenófobo de Europa Oriental
tiene causas distintas. Los éxitos electorales del Partido Radical Serbio, o
del LDPR de Zhirinovsky en Rusia, o ATAKA en Bulgaria, son resultado de una
combinación entre nacionalismo rabioso y las presiones de la modernización. Los
fuertes vínculos entre el Estado y la Iglesia Ortodoxa forjaron religiones que
crearon un profundo sentido de mesianismo nacional. Los nacionalistas en Rusia,
Serbia y Rumania se nutren de creencias muy arraigadas en el sentido de que sus
naciones tienen misiones históricas especiales.
2.1) Movimiento social antiinmigratorio: Más allá de sus diferencias,
los partidos de ED comparten un programa básico común: preconizan un ejecutivo
fuerte, una limitación de la democracia representativa y la desaparición del
principio de igualdad en favor de una discriminación étnica entre nativos y
extranjeros. Esas mismas características de su identidad aparecen en la
concepción de las relaciones internacionales: combaten a EUA -percibido como
símbolo del crisol de razas y del multiculturalismo- y alientan el mito de una
Europa blanca "desde el Atlántico a los Urales", capaz de enfrentar a
la "amenaza planetaria del islamismo". Imputan a la inmigración:
captar deslealmente puestos de trabajo; provocar el auge de la delincuencia;
hablar, pensar y actuar distinto; tratar de imponer sus costumbres e ignorar
las tradiciones europeas.
Caminal
i Badía (2002:27) sostiene que la “contraposición nacional-extranjero” es el
fundamento primario de la expresión política de UD; lo que hacen mediante una
retórica que opone maniqueamente al nacional contra el inmigrante. Muchos
ciudadanos que temen ser excluidos se refugian en el extremismo, la
desestimación del otro y el individualismo exacerbado. La ED canaliza tanto el
desconcierto como el descontento y explota el egoísmo, que en su forma más
radical se transforma en odio al otro. Los ingredientes decisivos son:
inseguridad, desocupación y delincuencia, terrenos donde la demagogia
reaccionaria se desenvuelve cómodamente.
Tomemos
por caso el ex-cinturón rojo de París , bastión del FN[6], el 30% de sus votantes son desempleados y el 20%
obreros. Es en las zonas más degradadas o desfavorecidas donde los franceses
perciben como una amenaza real a los inmigrantes. Ahí encuentra terreno feraz
la tesis de que expulsando a los extranjeros, los desempleados encontrarán
trabajo; no habrá temor a andar por la calle; ni el obrero nacional deberá
pugnar con el inmigrante por el derecho a una vivienda. En definitiva, la
demonización del emigrado es la excusa de los fracasados blancos, sin
instrucción suficiente, sin oficio y posiblemente sin trabajo, para no
reconocer su propia responsabilidad, la de los dirigentes electos ni la de los
padres negligentes, por la difícil condición en la que se encuentran (Ferguson,
2006)
2.2) Crisis de la representación tradicional: Respecto de la expansión
de la ED en Europa, nos hallamos frente a razones variadas. Por un lado
encontramos falta de liderazgo político y vacío ideológico dejado por el
marxismo. Pero además existe una crisis de representatividad política y falta
de confianza en el modelo de democracia liberal. El ciudadano se siente cada
vez más distante de los políticos. La burocracia, la corrupción, la falta de
sintonía con la realidad de la gente son defectos comunes de la mayoría de las
fuerzas políticas tradicionales.
A
consecuencia del hundimiento del bloque soviético, la UD es hoy más
antiamericana por antiliberalismo y aversión para el cosmopolitismo, que
anticomunista -aunque tradicionalmente ha sido hostil al marxismo- y ciertos
grupos minoritarios de ED intentan sacar provecho de temas que pueden
acercarlos a la extrema izquierda: ecología, cooperación con el tercer mundo y
los movimientos armados europeos y la recuperación de la retórica
antiimperialista.
Una
parte de los extremistas en Europa niega la acción política legal y
parlamentaria y utiliza formas diversas de violencia (terrorismo; movimiento
cabeza rapada, hooliganismo). No obstante, los neonazis y los fascistas
reconocidos son muy minoritarios en Europa Occidental y no disponen de ninguna
base social; no registran ningún éxito electoral, siquiera modesto. En el
momento de las campañas electorales, los extremistas tienden a negar su
carácter xenófobo y tratan de aparecer como ultraconservadores. Esta estrategia
les permite distanciarse de sus actividades radicales y propende a atraer a los
electores potencialmente sectarios de partidos conservadores o nacionalistas.
También se oponen al ultraliberalismo y a las organizaciones supranacionales
como la UE y la OTAN. El avance de esa tendencia se produce en los sectores más
frágiles: el elector tipo de ED es hombre, pertenece a medios populares y tiene
escaso nivel de calificación y de educación. Hasta 1990, una parte de ese
electorado canalizaba sus protestas votando por el comunismo.
Duhamel
(2002:6-7) sostiene: “Le Pen explota las pesadillas de Francia…El 4 % de los
votantes de Le Pen es de tradición xenófoba y antisemita. El resto procede de
gente insatisfecha, vindicativa y que tiene miedo.” Pero no es la ideología la
que seduce a los votantes de UD, el sufragio refleja el temor de ciertos
sectores de la sociedad. Ivaldi (2004:143), indica que: "los nuevos
extremismos representan una forma de protesta de tipo reaccionario contra el
embanderamiento masivo de la derecha y de la izquierda tradicionales con los
postulados del ultraliberalismo y de la globalización." El grueso de estos
partidos aprovecha el malestar o la desafección democrática y apuntan a la
falta de capacidad de respuesta de las instituciones ante los problemas
nacionales, a la par que decrece la participación electoral y aumenta el
abstencionismo. Subirats (2002: 28), afirma que: “una significativa corriente
de opinión política que bascula hacia la extrema derecha, es refugio ante las
incertidumbres que causa el cambio de época.”
Drakulic
(2001) no atribuye el auge de la UD a “un nuevo modelo de camisas pardas y
negras”, sino a un ejemplo de la ansiedad en aumento de la población. Los
partidos en estudio estimulan el miedo de la gente con una retórica populista
sofisticada -basada en la glorificación discursiva del pueblo- (De La Torre,
2003:61), con estereotipos y creación de simbología particular. Expresan el
pulso popular; no inventan ni crean la ansiedad ni los miedos; sólo encuentran
las expectativas de la gente, se identifican con ellas y las repiten hasta el hartazgo.
[7]
2.3) Las consecuencias: Terremotos políticos como Jean-Marie Le Pen
pasando al ballotage, o el 17,9 % obtenido por su hija Marine en la primera
vuelta presidencial de 2012, la victoria de Haider en Austria, la irrupción de
Amanecer Dorado en el parlamento griego o el ingreso por primera vez al
parlamento sueco de los Demócratas de Akesson en 2010; han generado un alto
costo, porque en aras del debilitamiento de la ED los partidos convencionales
se vieron obligados a adoptar parte de su vocabulario y de su agenda, e incluso
aceptaron, directamente o indirectamente, el sostén de los ultraderechistas
para gobernar.
Muchos
partidos democráticos ahora defienden políticas anti-inmigración, expresan
escepticismo hacia la integración europea o esgrimen un antisemitismo que
disfrazan como crítica al gobierno de Israel. “El odio a los judíos es un
potente instrumento político en manos de la derecha en Europa”, como sostiene
Naomi Klein (2002:27). En idéntico sentido, Derrida y Roudinesco (2005:127)
encuentran ligazón entre el rebrote del antisemitismo con la progresión de la
UD. Señalamos la noción “symbolic racism” creada por McConahay en 1970 y
desarrollada por Taguieff, que consiste en adoptar un racismo implícito, no
asumido, para evitar la aplicación de leyes antidiscriminatorias y contribuir
asimismo a dar visos de respetabilidad a la ED (Aubry y Duhamel: 1995). La ED
expone que se pasó del paraíso rojo comunista al paraíso “café-au-lait” (café
con leche) de la doctrina mundialista, el multiculturalismo, la mezcla de
razas, la abolición de fronteras y la destrucción de las naciones.
3.- Caracterización de los partidos de extrema derecha
3.a)
Problema taxonómico:
Los autores no se ponen de acuerdo en la caracterización y calificación de los
partidos políticos de ED europea: el pensador checo Jiri Pehe (2004) los
denomina “la nueva cara del fascismo”; T. Hartmann (2003) “fallo de la
democracia”; Giddens (2004a:551) los fundamenta en “el creciente descontento
que genera la inmigración”; Garton Ash (2005:188), por su parte los llama
“populistas dispares unidos por la hostilidad a la inmigración y el
anti-islamismo.” También coinciden en la denominación de populismo H.G. Betz
(1994), Halimi (1996) y De Angelis (2003:75). El politólogo Joan A. Mellón
(2004), les denomina “nueva derecha” y Bueno (2004:20) “derecha fascistizada”.
Otros intentos tipológicos de estos partidos políticos los consideran como
representantes de los retos “posmateriales”(Ignazi,1991); portadores del
“resentimiento” (Betz,1992:63-82); cultores del “egocentrismo político”
(Drakulic,2001); miembros de la extrema derecha tradicional que nada tiene que
ver con los valores posmateriales (Jackman y Volpert,1996:501-521); “herederos
directos del fascismo” (Harris,1990); Taggart (1995:112-131) distingue estos
partidos en dos grupos: “neofascistas” y “neopopulistas.” Finalmente han sido
tipificados exclusivamente como “partidos anti-inmigrante” (Fennema, 1996;
Arzheimer y Carter, 2006) o “partidos de protesta” (Brechon y Kumar Mitra,
1992:63-82). También son considerados por Panfici (1997:217) “alternativa
política autoritaria de la antipolítica.” En este trabajo, los consideramos
como populistas heterogéneos y abstrusos, que sacan ventajas de la apatía
política y el hartazgo ciudadano para con la corrupción y los gobiernos
ineficaces. La ED se apropia se los reclamos populares y de las manifestaciones
contra todo y todos los que tengan poder (Stonayov, 2013). Esa es la razón de
su éxito.
3.b) Clasificación posible: Ni los esquemas de categorización clásicos
(Duverger, Neumann) ni los más contemporáneos (Kirchheimer, Panebianco, Katz y
Mair) han logrado capturar todo el rango de variación del extremadamente amplio
número de partidos actuales, especialmente a la vista del escaso número de
tipos elaborados en cada una de esas contribuciones. Es fuerte la tentación de
encuadrarlos dentro del concepto de catch all party o partido
horizontal, antitético de los “partidos-iglesia” convencionales, ya que recogen
la protesta de una amplia variedad de grupos sociales.
Pero
a la luz del aporte de Puhle (2002), quien critica la aplicación errónea del
término “catch-all”[8] a
partidos muy diferentes a los que Kirchheimer tenía en mente cuando formuló ese
concepto, sumado a la comprobación empírica de la reacción ciudadana en el
ballotage francés de 2002, el freno europeo para que Haider fuera Canciller
Federal, o el carácter de anarco-capitalista y antisistema de la Lista Pym
Fortuin nos mueve a pensar que encuadrar a la ED europea en el concepto
kirchheimeriano y asimilarlos a “partidos populares de todo el mundo ”
(Kirchheimer,1980:311), conlleva simplificar las características de estos
partidos; aceptar supuestos injustificados de similitud (cuando no de
uniformidad) entre partidos que son de hecho bastante diferentes entre sí y
finalmente una aplicación inapropiada de etiquetas a agrupaciones cuyas
características organizativas, ideológicas o estratégicas difieren
significativamente del modelo original.
Como
claramente explica Tcach (2003:87-102) todos los partidos o movimientos
populistas tienen un elemento “catch all”. Pero, el autor distingue
entre los populistas y los atrapa-todo, cuatro diferencias esenciales: la
construcción de un antagonista, la participación política de las masas en clave
movilizacionista, el liderazgo carismático y la presencia de elites
“anti-statuo quo”, son componentes secundarios cuando no inexistentes en los
“partidos escoba” a diferencia de los populistas que poseen un factor
carismático central y perdurable. Agreguemos en la realidad europea, la
construcción de un antagonista: el otro, el inmigrante extracomunitario pobre y
de religión musulmana.
Wolinetz (2002) reexamina críticamente los esquemas clasificatorios y propone
distinguir entre partidos: a) que buscan votos, b) que buscan políticas que se
asimilan a los partidos de masas o partidos programáticos y c) que buscan
posiciones de gobierno. Aquí tropezamos nuevamente con el problema de uniformar
a la UD porque prima facie hallamos fuerzas que pueden ser incluidas en cualquiera
de las opciones, e incluso logran ser encuadrados en dos a la vez. [9] En Europa Occidental los partidos
tradicionales colapsaron solamente en Italia, luego del escándalo “Mani
Pulite”, mientras que en el resto de los países los partidos convencionales
han conservado gran parte de sus votantes. La novedad, es la irrupción de la
ED, que ha captado muchos votos. Ello no generó un colapso en la transformación
del sistema de partidos, como enseñan Dietz y Myers (2003), más allá de la
emergencia de políticas y líderes populistas y personalistas.
Como
los describe Stokes (1999: 243), los partidos “son endémicos a la democracia,
una parte inevitable de la democracia.” Inclusive, partidos de ED ejercieron o
ejercen funciones de gobierno en sus respectivos países: FPÖ, en Austria; Lega
Nord y Alianza Nacional en Italia; LPF en Holanda; SVP-UDC en Suiza, que
detentó la Presidencia Confederal en 2005 (Samuel Schmid)[10]. Otro suceso que modificó las relaciones
interpartidarias fue la unión de casi todo el espectro político francés
para apoyar a Jacques Chirac (derecha) frente a Jean-Marie Le Pen
(ultraderecha) en el ballotage presidencial de mayo de 2002.
3. b.1) Anti-political establishment parties (APE). Como su nombre lo
dice, los APE desafían a los partidos establecidos. Se han tratado a los
partidos de protesta y populistas como una categoría residual (es decir
partidos que no encajan en un modelo teórico particular de tipos de partidos
políticos) y se careció de una definición clara y operacional del fenómeno. Hay
estudios que consideran a los APE como un portento que abarca partidos con más
de una orientación ideológica: son producto de los cambios socioeconómicos que
acompañaron a la transición de la sociedad post-industrial y asimismo son
consecuencia del fracaso de los partidos establecidos en la cabal
representación de nuevas cuestiones de interés ciudadano que empezaron a
valorarse en la década del 60.
La
aparición de APE afectó la dinámica del sistema de partidos porque pusieron en
movimiento respuestas de los ya establecidos, que en definitiva transformaron
la competencia electoral de un país. No sólo influyeron en la política de
alianzas en el Parlamento o en la formación de coaliciones de gobierno, sino
que además como los APE defienden cuestiones desatendidas (inmigración o medio
ambiente) lo hacen con tonos y métodos heterodoxos para transmitir mensajes.
Éstos partidos son más viables en algunos países que en otros, para ello es
menester identificar las condiciones previas que hacen posible su éxito
electoral.
Hay
que concentrarse en un rasgo común a todos estos partidos: su postura contra el
establishment político. Abedi (2004:76) analiza las seis hipótesis para
entender a los APE: a) importancia del sistema electoral; b) condiciones
socio-económicas del país; c) comportamiento de los partidos establecidos; d)
rasgos del sistema de partidos; e) cultura y tradiciones nacionales f)
predisposición de los votantes para otorgar o no confianza a partidos APE.
Se propagan cuando las posturas de los partidos tradicionales han convergido
hacia el centro y los votantes no pueden percibir las diferencias de identidad
entre los competidores. El electorado es susceptible a respaldar la propuesta
notablemente diferente de los APE cuando además no tiene confianza en ninguna
otra opción viable y los ciudadanos se hallan desencantados con los políticos.
Se caracterizan también, por acusar a los partidos convencionales de formar un
càrtel de exclusión (exclusionary cartel) insensible y hermético.
Retratan a los funcionarios como una clase homogénea de incompetentes,
holgazanes y corruptos enriquecidos ilegalmente.
Los
APE pueden transformarse en partidos tradicionales, siendo para ello esencial
su adaptación al sistema y el cambio de organización. Los que fallan en su
acomodamiento suelen ser menos acertados en sus tentativas de establecerse
permanentemente como partidos con potencialidad gobernante. Los APE surgen del
clivaje cultural de “cansancio moral” o de “gente común contra políticos” (Abal
Medina (h) y Castiglioni,1999) que puede ser entendido como un agotamiento
general de los electorados frente a todos los partidos existentes y representan
una polarización electoral que, por lo menos en parte, “deja de estar basada en
la clase social y pasa a basarse en valores de tipo postmaterial”
(Inglehart,1979:279-280). Las organizaciones que impugnan el establishment
político, lo hacen con “una retórica plagada de metáforas de lucha y de guerra”
(Schedler, 1996: 229) y son ejemplos de estos partidos el FN de Le Pen y la
Liga del Norte (Ibíd:292)
En
el aparecimiento de estos partidos interviene esencialmente “el humor social
antipolítico surgido del clivaje ético y antipartidario” (Castiglione, 1994:
22) que contrapone ciudadanos contra partidocracia. No coincidimos plenamente
con la tipología de APE para los partidos en estudio, porque en realidad la ED
busca la conservación del estado de cosas a fin de mantenerlo en cuanto sea
posible, y muchos han participado de funciones de gobierno con los partidos
establecidos que supuestamente deberían combatir, desarticulándose así toda la
construcción teórica que elaboraron los autores reseñados, sin perjuicio que la
tipología pueda aplicarse a algún partido aisladamente.
3.b.2) Partidos desafiantes: Los partidos de ED, como hemos visto,
constituyen un conjunto heterogéneo y abstruso. Sin embargo, la abundante
presencia de nuevos actores sugiere que es necesario realizar una separación
básica: a) las fuerzas políticas ya establecidas en los sistemas de partidos
que ocupan el lugar de la oposición producto de la alternancia
democrático-institucional, y; b) las oposiciones emergentes que se presentan
como alternativas al resto de los partidos establecidos. Dentro del segundo
grupo se encuentran los "partidos desafiantes".
Esta
simple diferenciación de oposiciones políticas no es suficiente para delimitar
en forma precisa a estos últimos. En primer lugar, un partido es cualquier
grupo político que se presenta -o quisiera presentarse- a elecciones, y por
medio de ellas es capaz de colocar candidatos para cargos públicos (Mainwaring
y Scully: 1996:1). Downs (1957:23) considera partidos solamente a los grupos
“que buscan el control del aparato gubernamental.” Mientras que Hodgkin (1991)
estima que debemos considerar como partidos a todas las organizaciones que se
consideren a si mismas como tales.
Dentro
del conjunto de oposiciones emergentes desde 1990, cobraron vigor una serie de
movimientos desarrollados a través de una figura carismática, cuya estrategia
consistió en emprender una cruzada contra la inmigración pobre. El
realineamiento electoral que se produce con el surgimiento de los partidos
desafiantes es más traumático que el que se da entre partidos establecidos. En
síntesis, los "partidos desafiantes" son oposiciones emergentes en un
contexto de transformaciones del sistema de representación, los cuales no han
alcanzado plena o mayoritariamente el gobierno, pero compiten por él
representando una alternativa a los partidos convencionales.
¿Podemos considerar a los partidos de ED como “desafiantes? Como los
desafiantes, encarnan nuevas representaciones políticas, ya sea de ideas o
ideologías, identidades, grupos o sectores sociales, intereses o programas de
políticas alternativas, ajenos al statu quo. Pero, los desafiantes establecen
un desafío al sistema por sus características institucionales, organizacionales
y de funcionamiento políticos; la UD, no.
Las
fuerzas desafiantes tienden a estar provistas de altos niveles de disciplina
partidaria y fortaleza de sus estructuras organizacionales, obligando en cierto
modo, a que los partidos tradicionales tengan que aggiornar sus organizaciones
para ser más competitivos. La derecha radical carece de una doctrina común, no
es disciplinada y su electorado no se caracteriza por la fidelidad. Si bien
habitualmente la ED no controla los recursos del Estado (como sí lo hacen los
partidos cartel, o los keynesianos), cuentan con aportantes privados de fondos
y líderes millonarios que suplen cualquier falta de dinero. En cambio los
desafiantes deben institucionalizarse para poder obtener éxito y financiamiento
oficial.
b.3) Pensamos en definitiva, que los partidos de ED pueden ser caracterizados
como “partidos amplios de protesta” (tipo cajón de sastre[11]) donde caben votantes procedentes
de la izquierda, de la derecha radical tradicional y de la corriente
general del conservadurismo (Perrineau, 1997). En contra de nuestra opinión
Arzheimer y Carter (2006) piensan a la ED como partidos contra-inmigrantes y
señalan que los votantes los consideran como partidos normales.
Dentro
de la tipología expuesta cabe distinguir -en orden al pensamiento de Eco (1968)
y Paramio (2001)- entre apocalípticos e integrados, es decir por apocalípticos
entendemos a quienes se encuentran abonados a la tesis “cuanto peor, mejor”,
deploran los cambios sociales y sólo advierten sus efectos más negativos; por
integrados a partidos conformados por ciudadanos conscientes de serlo, atraídos
por las posibilidades positivas de los cambios sociales, que minimizan los
costos de los mismos. Incluso algunos de ellos pueden montarse en menos de seis
meses y son señalados como “flash party” como por ejemplo la LPF. En la
generalidad, la ciudadanía no se identifica fuertemente con el partido, ni
tampoco se sienten muy atados por él, más bien lo consideran un instrumento
útil para alcanzar el poder que ansían o a fin de exteriorizar su hastío con
los gobernantes y partidos convencionales. Con estas conductas acentúan el
carácter de partido de protesta.
Contrariamente a los partidos democráticos clásicos, los extremistas proponen
mensajes y soluciones simplistas frente a las realidades difíciles que
atraviesan los Estados europeos. De esa manera, los ultras directamente parecen
responder a las cuestiones y a los deseos de los pueblos. Además, a menudo
reposan en un solo hombre, que encarna al partido por su talento de demagogo.
Este "líder carismático" se confunde la mayoría de las veces con el
partido que dirige. Usualmente escogen utilizar las armas de la democracia para
combatirla mejor. Se presentan incluso como garantes de la libertad, quienes
devuelven al pueblo su voz y el poder confiscados por la tecnocracia y las
oligarquías financieras. Populismo y xenofobia son temas de predilección de los
extremistas, que tienen en común su hostilidad hacia la construcción de una
Europa integrada.
Los
partidos de UD se afanan por inscribir en el orden del día político los puntos
que se prestan a controversia tales como inmigración, desempleo y preservación
de la soberanía, para obligar a los otros partidos a discutir en los mismos
términos que ellos. La ED aviva tensiones intergeneracionales y entre
habitantes de las ciudades, sus periferias y de las zonas rurales.
En el variopinto cúmulo de partidos ultraderechistas se han refugiado
dirigentes, militantes y simpatizantes con las ideas o las formas del
autoritarismo, el nacional catolicismo, la xenofobia, el racismo, el
antisemitismo, el activismo contra la desintegración de las patrias;
nostálgicos del franquismo, el fascismo o el nazismo, antiliberales,
anticomunistas, antimasones, islamofóbicos, antisemitas, cómodos con el
militarismo; moralistas antiaborto, antidivorcistas y contrarios a la
homosexualidad, inquietos ante el crecimiento de la delincuencia y la
inseguridad ciudadana. Si pretendemos entender a los nuevos partidos como una
resonancia nostalgiosa de los años 20 al 45, estaremos en un grave error
(Gallego, 2005) ya que lo que les suma votos es el reflejo del descalabro
social y la crisis del Estado de Bienestar. En resumen, los vigoriza la
desaparición de los modos de vida tradicionales y los nutren los votos de
experiencias cotidianas.
4. Surgimiento e innovaciones
Sintetizaremos
las posturas de la emergencia de estos partidos políticos en seis visiones,
luego abordaremos algunas de las innovaciones que han producido en el mundo
político:
4.a.1) Emergen como reacción a los “excesos” izquierdistas, individualistas y
socialistas, emanados de la coyuntura posterior a los movimientos de reforma
originados en 1968, que han alcanzado su versión más consolidada en los
partidos populistas de derecha (Ignazi:1994). Una creciente y generalizada
desafección pública al orden político establecido abrió el camino para un
sentimiento “antipolítico” que la ED puede gestionar mejor que la extrema izquierda
después de 1989 (Paxton,2005:213), incluso Anthony Giddens (2004b) sostiene que
los partidos de ED “han llegado a dominar porque han respondido con más rapidez
que la izquierda a las preocupaciones de los votantes acerca de la seguridad y
la identidad; y también por los errores tácticos y organizativos cometidos por
la izquierda.”
4.a.2) Desde una visión marxista la aparición de estas ideologías es una
expresión de la “descomposición del capitalismo, de la disgregación del tejido
social y de la degradación de las relaciones sociales que afectan a todas las
clases de la sociedad, incluida una parte de la clase obrera”. El alza de los
partidos subexamine corresponde al resurgir de una yuxtaposición de las
ideologías más reaccionarias y retrógradas como son el racismo, la xenofobia,
la exaltación autárquica de la "preferencia nacional". Se apoyan en
las manifestaciones actuales de las contradicciones del capitalismo en crisis,
como el desempleo, la inmigración , la inseguridad, el terrorismo, para suscitar
sentimientos de frustración y rencor, de miedo al futuro, de miedo al
"extranjero", el recelo y el odio al "otro", la obsesión
"de seguridad", el repliegue hacia sí (corolario de "cada uno
para sí" de la competencia capitalista), la atomización, ingredientes
todos de la descomposición del tejido social. Es la expresión de una revuelta
desesperada y sin porvenir, la expresión del "no future" de la
sociedad capitalista que sólo desemboca en el nihilismo. (Revista Internacional
57, 1989 y 62, 1990).
4.a.3) Para Chantal Mouffe (1999), la desaparición de la línea divisoria clara
entre los partidos tradicionales dejó un vacío que la ED se apresuró a ocupar.
Esto le ha permitido articular nuevas identidades colectivas a través de un
discurso xenófobo y recrear la frontera nacional desaparecida mediante la
definición de un nuevo enemigo: los inmigrantes, a los que presentan como un
peligro para la identidad y la soberanía nacionales. El ideal democrático en
Europa ha dejado de ser movilizador, dado que la democracia liberal se
identifica con el capitalismo y su dimensión política se reduce al Estado de
Derecho. Por otra parte, aumenta sin cesar la marginación de grupos enteros que
se sienten cada vez mas excluidos de la comunidad política; con el consiguiente
peligro de ser cooptados por movimientos fundamentalistas y atraídos por formas
antiliberales de la política.
4.a.4) García Pérez (2002) entiende que los partidos de UD han nacido de los
integrismos en épocas de acusada decadencia. Por ejemplo, Francia pierde su
imperio colonial en los ´60 y también a Argelia. (Así Tixier-Vignancourt puso
en pie un partido en el que convergían los convencidos de la superioridad
francesa -la difunta Alliance Républicaine pour la Liberté et le
Progréss, precedente del FN de Le Pen junto con el Movimiento Poujadista de
los años ´50.-)
4.a.5) Jackman y Volpert (1996:517-518) atribuyen el desarrollo de los partidos
de ED a tres factores derivados de las propias políticas de los gobiernos:
aumento de las tasas de desocupación; multipartidismo y ampliación del número
de partidos como consecuencia de umbrales electorales crecientes.
4.a.6)
Nosotros, entendemos con Josep Antentas (2012) que la xenofobia y la
inmigración son la base común del discurso de estas formaciones ultras. Intentan
captar los sentimientos de los votantes con una retórica demagógica, la de
'somos un partido fuera de los partidos tradicionales'. Ir contra la
inmigración sirve como elemento de cohesión frente al peligro del
exterior. La crisis ha producido además, que esa cohesión se consiga con la
unión frente
a las directrices impuestas desde Alemania con los recortes.
Xavier Casals (2012) coincide y señala que "los nuevos partidos de extrema
derecha se han convertido en formaciones antiglobalización que han sido capaces
de reinventarse y llamar la atención del electorado de centro, captando su voto
de protesta contra la dictadura de los mercados"
4.b) La batalla del vocabulario: Es en los partidos comparados el
elemento esencial estratégico para la conquista del poder. Conscientes de la
potencialidad del manejo de las palabras buscan el control del medio a través
de la manipulación semiótica, dotándola de carácter programático. Difunden
entre los militantes palabras que deben o no ser utilizadas, afirmando que: “ninguna
palabra es inocente…son armas, porque tras cada palabra se esconde un plan
ideológico y político. (Moati y Raspiengeas, 1991:152).” La UD recurre a un
proceso de carga del lenguaje, relato canónico, repetición de clichés y
fórmulas manipuladoras, peyorativas, que en definitiva establecen una dicotomía
de carácter racial entre “civilización” o “barbarie” y entre capacidades y
rendimientos comparativos de “blancos” y “negros”.
4.c) La lepenización de los espíritus [12]: Como consecuencia de la
batalla del vocabulario germina la llamada “lepenización de los espíritus”
(Tevanian y Tissot, 2002) de amplios sectores de la sociedad e incluso de
partidos opuestos a la ED. Un buen número de las propuestas de ésta están
siendo aplicadas por los gobiernos europeos o están en trámite de serlo: severa
restricción del reagrupamiento familiar; limitación del derecho de asilo;
dificultades para visados turísticos de residentes en el tercer mundo;
expulsión efectiva de inmigrantes clandestinos; cambios en el derecho de
filiación; instauración de un periodo probatorio para los matrimonios con
extranjeros para evitar uniones de conveniencia; en casos de terrorismo,
privación de la nacionalidad por un periodo de quince años a los naturalizados;
utilización de resortes de la policía administrativa para acosar a las
asociaciones islámicas radicales, restaurar controles fronterizos, etc.
4.d) El totalismo ideológico: el modelo del “totalismo ideológico” fue
formulado por Jay Lifton (1989) como herramienta heurística de reducción de la
complejidad, atento que la UD tiene pretensiones de control mental sobre el
individuo a través del discurso ideológico totalitario. El autor lo
conceptualiza como: “La conjunción de una ideología inmoderada con unos rasgos
de carácter individual igualmente inmoderados, un terreno de unión extremista
entre la gente y las ideas (Jay Lifton, 1989:188).” En el estudio de partidos
de la ED actual se ha soslayado reiteradamente la cuestión del sustrato
ideológico. La principal razón de esta situación estriba en la heterogeneidad,
la fragmentación, el oportunismo y la ocultación planificada, característicos
de estos movimientos extremistas (Simón, 2004:59). Las máscaras, los rostros y
el vestido del racismo no deben hacer olvidar los postulados de la derecha
radical, que representan una “readaptación ideológica” del nazi-fascismo
(Taguieff, 1993:45).
4.e) La cuestión del financiamiento y los
líderes millonarios: Los partidos
de ED gozan de apoyo financiero considerable de individuos que simpatizan con sus
tesis o de empresas en las cuales sus miembros tienen intereses [13]. Tal tipo
de aportes abastece a éstas fuerzas los recursos financieros necesarios para
campañas electorales eficaces. Pero además, en varios casos, los propios
líderes son o fueron personas de fortunas millonarias como Blocher, Haider,
Karatzaferis o Le Pen que no titubean en autofinanciar su propia actividad
política. El Consejo de Europa ha aconsejado a los gobiernos negar todo sostén
a partidos que promuevan los desvalores del racismo, la intolerancia, el odio
étnico y racial y que pongan en peligro los valores democráticos fundamentales.
En Holanda en 1999 se sancionó una ley de financiamiento de partidos, en la que
éstos pierden su derecho a recibir subvenciones estatales si los tribunales
condenan a sus líderes por delitos racistas o negacionistas. No hay uniformidad
en las legislaciones europeas sobre los límites que no deben superar los
partidos políticos democráticos.
5.-
Inventario de Partidos de Extrema Derecha en Europa:
A
12 de mayo de 2013, los partidos de ultraderecha en 2013 tienen representación
parlamentaria en los siguientes países europeos:
AUSTRIA: Partido de la
Libertad (FPO) 34/183 y Unión por el Futuro (BZO) 17/183.
BELGICA: Vlaams Belang (VB)
11/150
BULGARIA: Unión Nacional
ATAKA 22/240
DINAMARCA: Partido Popular
Danés (DF) 25/179
ESLOVAQUIA: En 2012 quedaron
afuera del Parlamento al obtener el 4,6 % y no superar la barrera del 5 %. En 2010 superó por
pocas décimas el umbral, pero en las elecciones del 2006 estaban en el 11%.
FINLANDIA: Verdaderos
Finlandeses (PS) 39/200
FRANCIA: Mouvement pour la
France 2/577
GRECIA: Amanecer Dorado 18/300
HOLANDA: Partido de la
Libertad (PVV) 15/150
HUNGRIA: Movimiento por una
Hungria Mejor (JOBBIK) 44/386
ITALIA: Liga del Norte 20
diputados/630 y 16 senadores/319
NORUEGA: Partido del
Progreso 41/169
RUSIA: Partido Liberal
Demócrata de Rusia (LPDR) 56/450
SERBIA: Partido Progresista
Serbio (SNS) 73/250 al que pertenece el Presidente de Serbia Tomislav Nikolic,
anterior líder Partido Radical Serbio (SRS) fundado por Vojislav Seselj
actualmente detenido en La Haya por crímenes de lesa humanidad.
SUECIA: Demócratas de
Suecia (SD) 20/349
SUIZA: Partido Popular
Suizo (SVP) 56/200 y 1 consejero federal que ejerce la Presidencia de Suiza durante
2013 (Ueli Maurer)
UCRANIA: Partido Svoboda
(Libertad): 36/450.
La crisis y el discurso antiausteridad
alimentan a los partidos ultras. Amanecer Dorado usa la violencia en Grecia con
total impunidad. Las instituciones italianas están pobladas por numerosos
fascistas, como por ejemplo el alcalde de Roma, Gianni Alemanno quien no
reniega de sus orígenes. En España no tienen más fuerza porque el Partido
Popular absorbe sus votos y Plataforma per Catalunya liderada por Josep Anglada
ha obtenido escasamente 67 sobre 68.286 concejales en todo el país. Portugal
sigue siendo la incógnita pese a los recortes presupuestarios y el Partido
Nacional Renovador (PNR), no supera magros 18.000 votos.
En República Checa el Tribunal Supremo Administrativo
disolvió en 2010 el Partido de los Trabajadores (DS), de extrema derecha,
después de que el Gobierno propusiese esta medida por considerar que era una
formación extremista y que suponía una amenaza a la democracia. En opinión del
tribunal, el programa del DS contenía ideas xenófobas, chovinistas, homófobas y
racistas, además de pretender extender el miedo a los extranjeros y generar una
sensación de peligro.
Mientras que partidos como el Frente
Nacional (FN) de Francia, el Partido Nacional Británico (BNP), el Partido de la
Independencia del Reino Unido (UKIP), Partido Nacional Eslovaco (SNS), Partido
de la Gran Rumania (PRM), o Concentración Popular Ortodoxa Griega (LAOS),
poseen representantes en el Parlamento Europeo de Estrasburgo. En el caso de
Alemania, el partido neonazi Nacional Demócrata (NPD) se encuentra integrando
los parlamentos regionales de Sajonia, Renania Palatinado y
Mecklemburgo-Pomerania Occidental.
6.-
Conclusiones
Podemos
concluir que a diferencia del fascismo que busca instaurar totalitariamente un
mundo nuevo, con un sistema económico con fuerte intervención pública; los
partidos en análisis aspiran a mantener el orden establecido y las clases
beneficiarias del mismo. Estas formaciones políticas colectan mayor cantidad de
sufragios en relación directamente proporcional a la trascendencia de actos de
corrupción o ineficiencia de los gobiernos europeos; la atomización de los
partidos de ideología socialista, derechista y trotskista en Francia de 2002; o
la aproximación al centro político de las agrupaciones tradicionales que no
permiten percibir diferencias entre contendientes; y fundamentalmente ante las
cifras de incremento exponencial de la inmigración pobre, cuya diabolización
discursiva ha sido hegemonizada por la ED con mayor énfasis aún desde la
rebelión de las banlieues francesas.
Por otra parte, ante la ingente cantidad de caracterizaciones, tipologías y
clasificaciones, nos inclinamos por considerarlos populistas heterogéneos y
abstrusos alojados dentro de los “partidos amplios de protesta” que recogen
votos de la desilusión, del “xenomiedo” (Sartori,2001:52), de la crisis de la
representación tradicional y la desconfianza en el ideal democrático; sin
adquirir la generalidad de su electorado la ideología fascistizada que exhiben,
ya que una porción destacable de sus votantes lo hacían antes por el comunismo.
Los utilizan para generar nuevos espacios de representación los desencantados,
los postergados y los temerosos; pero preponderantemente como señal de alarma
para los políticos tradicionales y democráticos a efectos de incriminarles su
soberbia, impericia o avidez. Llegado el caso de optar entre unos y otros en
Europa Occidental la mayoría abrumadora se inclina por los partidos
convencionales. En la ED distinguimos entre partidos “apocalípticos” ó
“integrados” según sean refractarios o complacientes con los cambios sociales.
Los partidos en estudio pueden sintetizarse
con las siguientes características: pretenden instalar un régimen autoritario
sin ser necesariamente totalitario; quieren una organización de la sociedad
basada en la idea que los individuos que la componen son naturalmente
desiguales; al patriotismo legítimo oponen un nacionalismo intolerante que
limita muy fuertemente el reconocimiento de derechos para los extranjeros; encuentran
el fascismo "muy simpático"; son racistas, xenófobos y
antiglobalización; predican el rechazo de los extranjeros y desarrollan el
sentimiento de inseguridad como consecuencia de los inmigrantes; utilizan un
discurso que transporta ideas falsas y lemas simplistas; rechazan la
solidaridad entre las personas; defienden una concepción de familia donde el
hombre es el jefe, la mujer se ocupa del hogar y educa a los niños; ponen en
entredicho la representatividad democrática; postulan -la mayoría- el euroescepticismo
y rechazan, sobre bases nacionalistas, toda construcción europea.
Personificados
por un líder carismático que funciona como catalizador, se apropian
autoritariamente de la voluntad popular y agitan sin cesar al pueblo concebido
como unidad orgánica y mítica. En definitiva, por todo ello, ningún demócrata
pone en tela de juicio el principio según el cual una democracia constitucional
debe defenderse de sus enemigos e incluso de los que tan sólo aceptan
provisionalmente la legalidad para ganar las elecciones y luego destruir el
sistema democrático (Taguieff, 2000).
La UD tiene en Europa Oriental una génesis
diferente, conformada por cuatro elementos: nacionalismo furibundo,
antisemitismo, fundamentalismo cristiano ortodoxo y resistencia a la modernidad.
La angustia también recorre Europa poscomunista, donde el entusiasmo provocado
por la caída del Muro de Berlín luego dio paso a la decepción.
En
Europa Occidental como reacción al crecimiento de la ED los partidos
tradicionales debieron adoptar el léxico y parte de la agenda política de
aquella, con la que incluso llegaron a aceptar compartir coaliciones de
gobierno, pese a ser conceptualizada como una readaptación ideológica del
nazi-fascismo. Ningún país democrático parece estar a salvo de lo que los
alemanes llaman Politikverdrossenheit (disgusto y hastío por la
política).
Las causas profundas del ultranacionalismo, la xenofobia
y el racismo y a veces el integrismo religioso o moral, deben resumirse en el
miedo: al cambio, a la pérdida de la identidad nacional, a las integraciones
supranacionales y la impersonalidad de la UE, a la globalización, a las
incertidumbres económicas, a la inmigración desmandada, a las diferencias
culturales, al terrorismo, hacia las empresas multinacionales, a la americanización
y a la sociedad multicultural. El miedo ha sustituido a la esperanza, la
ansiedad recorre Europa quien en definitiva tiene: “miedo de sí misma porque se
enfrenta al dilema de su identidad.” (Geremek, 2006).
Proponemos con Habermas (1999), que la comunidad moral ha de construirse sobre
la eliminación de la discriminación y del sufrimiento y la incorporación de los
marginados y de lo marginado. Habermas en la "inclusión del otro"
plantea una comunidad abierta, con límites permeables para todos, incluso para
aquellos que son extraños para los otros y desean seguir siendo ajenos a ellos.
Pese
al auge de la extrema derecha en Europa, no se avizora que constituya una
amenaza a la libertad, ni una reedición del totalitarismo nazi-fascista, porque
los ciudadanos votan a estos partidos mientras la crisis se mantenga o
acreciente. Aunque son muchos los que más allá de su rechazo al
multiculturalismo y al cambio demográfico, no están dispuestos a aceptar lo que
la ultraderecha ofrece ni a hacerlos gobernar. Son espinas que clavan los
desencantados a los políticos tradicionales, para que se rehabiliten y
comiencen a gestionar con honestidad y eficiencia.
Indice
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NOTAS
[1] En Europa se
utiliza la denominación derechas como correcta, ya que consideran que posee
múltiples variantes y nunca fue monolítica.
[2] Otra clasificación usada esla
de “ultra” que viene a sustantivizar el radicalismo de la posición.
Utilizaremos extrema derecha (ED), derecha radical o ultraderecha (UD), como
sinónimos. También nos basaremos en el índice de auto ubicación ideológica y la
escala 1-10 de intensidades derecha-izquierda
[3] Consiste en adoptar procesos de
desmordernización, como respuesta al cambio social que producen en consecuencia
fragmentación de la sociedad. La desmodernización se puede definir como la
disociación que se presenta entre el individuo y la sociedad que lo rodea,
entre la economía y las culturas, también es la ruptura de los vínculos que
unen la libertad personal y la eficacia colectiva.
[4] Gustavo Bueno
(2004:20) utiliza el concepto de “fascistización de las formas” con el uso de
uniformes,
saludos y concentraciones de masas.
[5] El que para Gaetano Salvemini
(1974:439) significa “prescindir de instituciones libres y es un fenómeno de
las democracias fallidas.”
[6] Según sondeo de SOFRES de
2007: el 31 % de los franceses deseaba que Le Pen fuera candidato a Presidente
en 2007 y el 36 % pronosticaba su presencia en el ballotage. Le Pen realiza sus
mejores tanteos entre comerciantes, artesanos y empresarios así como entre los
obreros, sus más débiles adhesiones se dan en el personal calificado, jubilados
y diplomados de la enseñanza superior. El 23 % se dice de acuerdo con sus ideas
y el 74 % en contra. El 83 % lo consideran duro, brutal; el 81 % racista, el 53
% demagógico y el 13 % solamente simpático. El 68 % consideran que es un hombre
de convicción, el 64 % el único que habla de ciertos problemas, el 34 % que
posee valores morales y el 23 % que escucha la opinión de los franceses. (Le
Nouvel Observateur 1/6/2006).
[7] El término pueblo
es ambiguo y elástico, es un concepto sin un estatuto teórico definido;
pese a los usos frecuentes en el discurso político, su precisión conceptual no
va más allá del nivel metafórico o alusivo. El pueblo en el discurso populista
no opera como un dato primario sino como una construcción. (Laclau, 1977:165)
[8] Elaborado por
Otto Kirchheimer en 1966 para referirse a aquellos conglomerados que, lejos de
representar a un grupo social, buscan ganar las elecciones
representando intereses múltiples y atrayendo a todos lo votantes.
[9] Es el caso del FN francés, no
gobierna y carece de influencia en las decisiones públicas. En un círculo
vicioso no participa del poder, por no hacerlo no se legitima y por no
legitimarse es inviable como alternativa de gobierno o como parte de una
coalición alternativa.
[10] Tal participación los ha
desnaturalizado respecto de sus programas originarios, puesto que han debido
aliarse a la derecha conservadora.
[11] Cajón de sastre: en su
interior puede caber todo lo imaginable y se mezcla lo inmezclable.
[12] Pascal Perrineau
fue quien acuñó
el término, expresión que subraya el hecho de que el lepenismo gana las
conciencias antes de conquistar los votos.
[13] Pueden señalarse como
aportantes a: la Confederación Española de Empresarios, Banco Spirito Santo de
Portugal, la sociedad química BASF, Banco Atlantico, Familia Carlberg
(Suecia), Heritage Foundation, Familias Flick y Quant de Alemania, entre otros.