Revista de Ciencia Política
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Revista Nº14 " INSTITUCIONES Y PROCESOS GUBERNAMENTALES X "

 

En Colombia, la política actual se caracteriza por una tendencia globalizante, mercantilista y de fortalecimiento del aparato de seguridad. Según Iturralde, (2010) se consolidó lo que denomina el liberalismo autoritario, esto es, la normalización del estado de excepción permanente y la adopción de un sistema político particular, el neoliberalismo. En esta perspectiva, el artículo tiene como contexto de emergencia la tesis sobre la excepcionalidad permanente en el país. Retomando las reflexiones del filósofo-político Giorgio Agamben, se analiza y toma como objeto de estudio a los niños en situación de calle en la ciudad de Medellín, partiendo de un análisis cualitativo con tintes biopolíticos y etnográficos. De este modo, se muestra una de las caras más ejemplares de la puesta en escena del liberalismo autoritario como modo de vida y se establecen especificidades que en la cotidianidad de estos sujetos visibilizan características y efectos de la excepcionalidad. El estado de excepción tiene por prioridad la protección y defensa de los mercados, antes que la vida de algunos sujetos representantes de la anormalidad-excepcionalidad a los que incluye-excluyéndolos dada la competitividad como exigencia para vivir. Se describe y problematiza la existencia de estos sujetos, insertos en una espacialidad caracterizada por la ausencia de derecho y en el caso específico, vulnerable a la muerte fácil sin carga jurídica.

Palabras claves

Estado de excepción, Nuda vida, Neoliberalismo, Niños, Calle, Ley.

Abstract

In Colombia, the current policy is characterized by a globalizing trend, mercantilist and of strengthening of the security machine. To Iturralde it was consolidated what he calls authoritarian liberalism, that is, the normalization of the state of permanent exception and the adoption of a particular political system, neo-liberalism. From this perspective, the article has, as context of emergence, the thesis about permanent and current exceptionality in the country. In turn, retaking the reflections of the philosopher-politic Giorgio Agamben, the homeless children in the city of Medellin are analyzed and taken as objective of study, starting from a qualitative analysis with bio-politic and ethnographic shades. In this way, we show one of the more exemplary faces of authoritarian liberalism´s staging as a way of life and establishing specificities that in their daily lives visualize characteristics and effects of the exceptionality. State of exception has as priority rather the protection and defense of markets than some individuals’ lives representatives of abnormality. It is exceptionality that includes excluding them, given the competitiveness as a requirement for living. We describe the existence of these individuals, inserted in a spatiality characterized by the absence of rights and in the specific case, vulnerable to the easy death without legal charge, among others.

 

Keywords

State of exception, bare life, Neoliberalism, children, street, law.

 

 

 

El delito de existir o la excepcionalidad como forma de vida: los niños en situación de calle, Medellín[1]

 

Por: Lic. Ivannsan Zambrano*

 

 

Aquellos que tienen dinero, pueden encontrarlo todo. Posición en una sociedad equivocada. Pueden encontrar respeto y reclamar derechos como ciudadanos, como seres humanos, pero a nosotros no se nos reconoce ningún derecho, estamos en deuda con una sociedad que nos margina y desprecia por nuestra condición de indigentes.

La calle siempre está en movimiento y uno ahí metido debe mantener el ritmo, de lo contrario, lo convierten en fiambre. (Aniquilarlo)

Rico Sanín

 

 

El Estado y una leve historia de los niños en situación de calle: preámbulo experiencial[2]

 

 

En el centro de Medellín, cerca de la Plaza de Botero y del Palacio de la cultura Rafael Uribe Uribe, se encontraba un niño, debía tener unos ocho o nueve años, no jugaba, no estaba con sus padres, no acompañaba ni era acompañado por nadie; la soledad de la calle llena de gente era su amiga, los rayos de sol sobre su rostro sucio caían, ese rostro de niño y a la vez de adulto, ese rostro que a la gente mira, intenta tocar y sensibilizar; la gente que camina a su lado no le observa, él está sucio, maloliente, enfermo, drogado y posiblemente… es “peligroso”. Él tiene un frasco de sacol[3] y alucina, casi no se puede sostener, a veces parece que se cae, se inclina un poco a la izquierda y a la derecha, atrás o adelante, asombrosamente sigue en pie. De vez en cuando se recuesta sobre la puerta derecha de un automóvil. Al lado del puesto del conductor se encuentra una mujer que no mira al niño, lo ignora, evita prestar atención a lo que él hace, ni siquiera da cuenta del show de cuerda floja que está presentando, al momento llega el conductor, tampoco le mira, sube al carro, enciende el motor y lo pone en marcha, se va y el niño queda ahí, bailando para no caerse… la situación es triste y desoladora. Yo no puedo ayudarlo, pero tengo y creí tener el deber de informar a la policía sobre este niño en estado de vulnerabilidad, a ella me acerco, le informo el caso y ellos responden “...niños como esos andan por todo el centro, son muchos, a ellos no se les puede quitar el frasco, eso es peligroso, dan la vida por ese frasco, es mejor dejarlo ahí, además si se lo quitamos la gente se molesta, esos niños están perdidos, déjelos ahí…ahora vamos a mirar”, el tiempo pasa y los policías no se acercan al niño…

 

La historia de ellos, de él -en plural y no singularmente- y entre ellos mismos, que comparten, seguramente con algunas diferencias entre ciudades y países, continua en un contexto de urbanización y población masiva de la ciudad de Medellín, que vía “proceso de modernización” y en condiciones de violencia hacia la segunda mitad del siglo XX, desplaza a los campesinos de sus tierras[4], define un nuevo tipo de sujeto en la ciudad, habitante de sectores marginados ubicados en las periferias de la urbe, inicialmente caracterizados por la dificultad para edificar casas y por lo mismo configurar redes de servicios públicos óptimos, pero que dado los procesos de invasión y utilización ilegal del espacio se convirtieron en territorios sumamente poblados; sujetos en transición (Germani, 1971:90) de una serie de prácticas rurales a urbanas, de lo tradicional a lo moderno, caracterizado esto último por el comercio, la industria, entre otros; ellos en la ciudad, aparecen como un residuo del desarrollo, la modernización, la inequidad y principalmente la violencia política aunada a la desestructuración familiar.

 

Concomitante con lo anterior, y en la historia de Colombia en las últimas cinco décadas, con la caída del Estado de Bienestar y el ascenso del Neoliberalismo como una tendencia global, hoy, a la vez que se materializó la excepcionalidad como alternativa punitiva de gobierno bajo el mandato del ex presidente Álvaro Uribe[5] y continuidad del actual presidente Juan Manuel Santos, se crea un modelo de espacio y tiempo en el que un tipo de sujeto se hace inviable, es decir, le es prohibido existir, en palabras del político y filósofo Jürgen Habermas en (2002:70)

 

“La liquidación del Estado de Bienestar social tuvo, sin duda, una consecuencia directa: las crisis que había logrado detener resurgieron con más fuerza. Esos costos sociales dañaron la capacidad política de integración de una sociedad liberal. Los indicadores revelan de modo inequívoco un aumento de la pobreza, de la inseguridad social, de desigualdad de los salarios; todo esto resume las tendencias de la desintegración social. (…) Con el aumento de los desempleados y los excluidos –del empleo, del mercado de la vivienda, de los recursos familiares-, surgen subclases. Estos indigentes excluidos del resto de la sociedad ya no pueden dominar por sí mismos su propia condición social”.

 

No es el objetivo de este articulo mostrar paso a paso la historia de los niños (as) en situación de calle, al contrario situándonos en esta idea global de la historia modernizante y desarrollista de Medellín, es necesario dar relevancia a como se van configurando y apropiando de determinados sectores, especialmente en la comuna 10 y 11 que contienen el centro de la ciudad, algunos sujetos sin casa, sin hogar, sin comida, entre otras, sujetos despojados, expulsados, abandonados, maltratados o simplemente desertores de ese nuevo ritmo de vida “moderna” que empezaba ya su reinado capitalista consolidado actualmente, en Colombia bajo una política de excepción permanente, naturalizada e inscrita en un sistema político particular, el Neoliberalismo, que Iturralde entiende como Liberalismo Autoritario (Iturralde, 2010), así las cosas, los habitantes de la calle en la ciudad de Medellín, remisos de las nuevas prácticas socio-políticas a las que fueron expuestos o en algunos y actualmente la mayoría de los casos, donde nacieron, no impactaron ni transformaron estas vitalidades, muy al contrario gestaron anomalías, errores de sistema, baches de incompetencia, a los que sin posibilidad de competir y de arrojar del área urbana, se les deja vivir, pero “vivir” en vulnerabilidad en un espacio excepcional; ellos son producto de múltiples problemas sociales, políticos y económicos, (pobreza, desplazamiento, drogadicción, inequidad, segregación, violencia, entre otras), que al abandonar o ser abandonados por esa oportunidad (con todas sus dificultades) de integrarse al colectivo en desarrollo neoliberal contemporáneo, quedan en otro lugar, otra sitio con otras prácticas, otras “leyes”, otras perspectivas muy reducidas de vida, a este lugar, se le entiende en este artículo como un espacio excepcional[6].

 

En este contexto de inviabilidad, de espacio excepcional, vivir tiene sus consecuencias; se puede ser un buen ciudadano, cuyos mejores dotes son la sostenibilidad económica, las buenas maneras y los consumos elevados, o al mismo tiempo- sin ser iguales-, un ciudadano clase media o baja, que sin sostenerse tan solventemente sobrevive trabajando y en paralelo a los primeros pagando impuestos y consumiendo, más abajo, un resultado de vivir sin poder sostenerse, siendo, por tanto un problema abandonado a “su propia suerte” (Iturralde,2010:312) en la lógica capitalista y poniendo en tensión por no decir en exclusión, su supuesta ciudadanía (Beas Miranda,2009:24), es que no hay posibilidad de acogerse a las buenas maneras de sustentabilidad y consumo, pues, la marginación de sus vidas, en los límites de la pobreza los señala, regula, ubica y amenaza de muerte.

 

En estas condiciones, en el marco actual de la globalización y el neoliberalismo, la función del Estado se materializa en proteger los intereses del mercado dando vía libre a la circulación no sólo de productos, sino de políticas económicas, sociales y culturales sumado a prácticas y visiones de mundo foráneas, específicamente importadas de los Estados Unidos como principal aliado Internacional, en esta perspectiva escribe Harvey (2002 citado en Iturralde en 2010: 29)

 

“El papel del Estado consiste en crear y preservar un marco institucional apropiado para tales prácticas. Así, el Estado debe organizar las estructuras y funciones legales, policivas, militares y de defensa que garanticen, incluso por medio de la fuerza, los derechos de propiedad privada y el adecuado funcionamiento de los mercados. Aparte de estas funciones, el Estado no debe intervenir en la actividad económica ni en la vida social”.

 

El estado de excepcionalidad y la calle como un espacio de excepcionalidad

 

¿Dónde está el niño?

 

A simple vista el motivo por el cual “bailaba” aquel niño eran los afectos alucinógenos del sacol. A él, ese día, no le importaba la gente y a la gente no le interesaba él, a él no le interesaba la vida; ella como experiencia y disfrute de la infancia le ha abandonado, para él su futuro representa algo incierto, que no ha pensado más allá de sus necesidades básicas, pues, se puede vivir hoy y no mañana[7].

 

La calle que es pública, está vigilada, en ella y en otros lugares no se puede infringir la ley, para este caso, ella es un lugar de respeto a las normas ciudadanas, también, en Medellín es el lugar de paso para turistas y pobladores ansiosos de comprar, vender o trabajar, en pro de proteger dicho deseo consumista y laboral, entre otros, la ley está en la calle, están los policías o cuerpos de control que representan la ley, ellos la salvaguardan, la defienden y la hacen valer; la ley reglamenta a los buenos ciudadanos, ella los aprecia en tanto respetan y acatan sus mandatos, si no lo hacen sus representantes les piden cuentas, justificaciones y toman acciones acorde a sus respuestas, la ley requiere de buenos ciudadanos, a ellos nunca los olvida, los tiene presentes. Si el niño del frasco de sacol[8] incumpliera la ley, a él le pediría cuentas, pero no lo hace, ella es indiferente a su presencia al igual que los otros ciudadanos, a él no le interesa comprar ni vender los productos que la sociedad considera importantes -no están a su alcance-, no trabaja si por trabajo se entiende laborar formalmente, en este caso el hace parte del trabajo informal por llamarlo de alguna forma o simplemente no trabaja, no paga impuestos, tampoco sabe de leyes excepto aquellas necesarias para sobrevivir.

 

Los ciudadanos en la calle tienen un estatus legal, sostienen con orgullo derechos y deberes estipulados en la constitución y otros documentos legislativos, por estos derechos y deberes la ley reconoce a los ciudadanos, él –en ese espacio y tiempo- no los tiene, no se le reconocen, se encuentra sin derechos ni deberes, no existe para la ley, ¿en qué estado se encuentra?, ¿Qué categoría jurídica lo identifica? ¿En qué momento dejo de ser apreciado por la ley para ser desconocido o olvidado por ella ¿Él es un ciudadano? ¿Quién es él?

 

Solo existe un momento en que por mandato gubernamental los ciudadanos no tenemos derechos, estamos desprovistos de ellos momentáneamente, el Estado está en peligro, el derecho a vivir políticamente, en unidad, está en riesgo y para sobrevivir al tiempo de la noche, él debe tomar medidas excepcionales, que sin respeto por la vida de sus habitantes logre nuevamente el orden y por tanto la vida en la calma del día, es un momento excepcional o estado de excepción, bajo esta perspectiva, muchos autores (Gallon; 1979, Ariza; 1997, Villegas;2001, citado en: Iturralde;2003) asumen dicho estado en la historia de la pasada y presente política Colombiana como permanente, en palabras de Agamben, (2004;173) esto significa;

 

“El totalitarismo moderno puede ser definido, en este sentido, como la instauración, a través del estado de excepción, de una guerra civil legal, que permite la eliminación física no sólo de los adversarios políticos sino de categorías enteras de ciudadanos que por cualquier razón resultan no integrables en el sistema político. Desde entonces, la creación voluntaria de un estado de emergencia permanente (aunque eventualmente no declarado en sentido técnico) devino en una de las prácticas esenciales de los Estados contemporáneos, aun de aquellos así llamados democráticos”.

 

Los niños en situación de calle y las personas a su alrededor; cuando la indiferencia marca la diferencia

 

Él (el niño) no está solo, cuadras más abajo o más arriba se encuentran más, muchos niños y niñas en la calle[9] viven y son obligados a vivir su vida como una aventura peligrosa, pues, la calle aunque “protegida”, es peligrosa, allí circulan cantidad de amenazas, incluso para los protegidos por la ley, para los niños en situación de calle es todo un trasegar de experiencias en su lucha por sobrevivir; ¿quiénes son ellos? ¿Acaso nadie los ayuda? ¿A dónde acuden y donde se alimentan? ¿Se les puede ayudar? ¿Qué tipo de ayuda deberíamos brindarle? y ¿…tenemos alguna responsabilidad de su estado?, esto no se lo preguntan la gente que camina por la calle, para ellos, esos niños no existen, no deben existir, a lo sumo son basura peligrosa, hijos de padres viciosos que siguen sus mismos pasos y… nada más; la indiferencia es constante. Ellos no son la preocupación sino de unos pocos, algunos programas y ONGS que los auxilian; les bañan, les dan comida, les asesoran y aconsejan sobre la vida, sobre el futuro[10], pero ellos siguen su camino, viven la excepcionalidad con algo de conformidad y costumbre, la vida sin las normas comúnmente aceptadas[11] les atrae porque esa vida es todo lo que tienen y a la vista parece que esta sociedad no les ofrecerá o ya no pudo –después de socializarlos en esa condición- ofrecerles algo mejor.

 

Por otro lado, el hambre, como necesidad irrevocable de supervivencia de orden biológico, es engañada bajo los efectos químicos de sustancias psicoactivas, su aparición la mayoría de las veces remite más a la inhalación que a buscar algo de alimento, no se trata de pasar hambre sino de convencer aquella inexorabilidad vital de que se está “bien” e incluso mejor bajo estos efectos, y aunque, esa, el hambre puede ser una de las razones para abandonar ese nivel de excepcionalidad, muchas veces es mayor el deseo de continuarlo, ¿acaso el niño da cuenta de su estado excepcional, libre a la fácil muerte, bajo los efectos alucinógenos?, es un hecho, aquella forma de vivir fuera de haber formado o socializado al sujeto de la calle bajo sus propias reglas le indica que esa es la mejor o “única” manera de hacerlo.

 

Doparse tiene sentido, pues, se reduce y ayuda a olvidar el hambre, también es un buen aliciente para sobrevivir al desprecio e indiferencia de los otros, vivir la cruda realidad de la vida que los contiene; ignorando que se les ignora, sobreviviendo a la situación de excepcionalidad, en otro mundo, por el contrario ser dopados como se ha vuelto costumbre para muchos de los niños y niñas de diversos estratos no es una alternativa, a éstos niños no se les da fármacos como el metilfenidato (Ritalina), para que sus padres o el profesorado vivan y eduquen en tranquilidad –limitando la hiperactividad patológica del niño- como recomendación del psiquiatra[12], ellos buscan la calma en el sacol[13], pues, ni el Estado, ni sus padres les compraran Ritalina para que se concentren, no corran tanto, no griten, ellos se encargan de administrarse su dosis para hacerse menos vulnerables al contexto y no más apreciables por el mismo.

 

La excepcionalidad de sus vidas, su vida bajo estado de excepción, es real en tanto desconocen otra forma de vida, saben que son ignorados, desconocidos y extraños, solo y realmente existen cuando, en el marco del neoliberalismo Estatal, la ley, por un lado, arriba mostrando, creyendo y fantaseando con hacer de ellos, algo mejor, una ley que los reconoce cuando, en aras de mostrarse benéfica y solidaria con las marginalidades, invierte en esta niñez abandonada, invierte cuando hay fondos para hacerlo, cuando se ve obligada por acuerdos nacionales e internacionales a mostrar que cumple, que es benévola y no tiene ninguna culpabilidad de su estado, antes los ayuda, los apoya, por otro lado, los reconoce en momentos de anormalidad, es decir, acciones delictivas, anormales y peligrosas en contra del orden público o de un ciudadano reconocido –con derechos-, en dicho instante esos niños brillan como nunca y la policía acude a ellos para normalizarlos represivamente, tomar medidas de protección a favor del orden y nuevamente recordarles su condición después de algunos días guardados en casas de menores o prisiones infantiles, de esta forma la ley incluye excluyendo, se trata de incluir la vida bajo una fuerza de ley habitante del estado excepcional; fuerza de ley atenta a la anormalidad para hacerse real con miras a dar continuidad a la excepción, pues, ésta es la única forma de dar prueba de la existencia de la ley, al decir de Schmitt (citado en Munera, 2008;115) “La excepción es más interesante que el caso normal. Lo normal no demuestra nada, la excepción lo demuestra todo; no sólo confirma la regla sino que la regla sólo vive gracias a aquella”, así las cosas, estos niños, son en la parte baja del espacio excepcional, habitantes constantes de excepcionalidad.

 

La ley, Nuda vida (s) y fuerza de ley en estado de excepcionalidad: los niños en situación de calle

 

 

La ley, esa que anda por la calle a veces desconociendo lo que de ella se dice sobre el papel, no captura lo “real”, pues, en momentos de excepcionalidad su función principal es, en aras de ir más allá de eso que no puede capturar y resolver, hacerse presente a través de los cuerpos de control y en uso o no de la violencia capturar lo “real” y controlar o eliminar lo capturado en existencia de una fuerza de ley[14], por tanto, es inevitable bajo esta perspectiva, que ella pase de largo sobre los niños en situación de calle, a quienes no ve, no siente ni huele dado que en el espacio excepcional de la sociedad actual, existen vitalidades a quienes sí se debe controlar y capturar, por ejemplo, guerrilleros, narcotraficantes, ladrones, pandilleros y políticos corruptos, entre otros, también, estudiantes y profesores críticos de universidades publicas y privadas (Zambrano, 2011), todos señalados como “terroristas” , a ellos, los niños en situación de calle, no, por lo menos si no brillan mucho...

 

Lo paradójico es, que el derecho necesite de la excepción para llegar a la vida, es decir, requiera de la suspensión de ley, para en existencia de una fuerza de ley, capturar esa vida o vidas a controlar dada su anormalidad; en esta perspectiva ¿Qué tipo de anormalidad busca? ¿Quiénes en este contexto excepcional son anormales? ¿A quiénes entiende y considera como peligrosos? ¿Bajo cuáles criterios y acorde a cuáles intereses se es anormal?, los niños en situación de calle, en este vacío, espacio de anomia y confusión, si no brillan mucho, no son peligrosos, entonces, ¿qué son?

 

No obstante, en su individualidad como habitantes de la excepcionalidad, su estado más real, puede ser identificado bajo las consideraciones onticas que el filósofo Giorge Agamben enuncia como Nuda vida o vida desnuda[15], es decir, se escribe de un ser abandonado por la ley que lo protege, una ley que existe mas no para ellos, es una ley en espacio excepcional que como característica particular renace en la emergencia, sólo ante los actos que transciendan la normalidad, es decir el brillo de lo incorrecto; se trata de una condición política que entiende la bios como la zoe -en su conjunto- en vulnerabilidad, a disposición de muerte a través del medio excepcional que lo rodea, sea, por un lado, debido a la amenaza de soberanía que refiere, en el contexto actual no aún leviatán todo poderoso, sino a un cuasi soberano que a orden de entidades internacionales (bancos y multinacionales), es cuerpo y ente policiaco de control, o por otro lado a la peligrosidad del entorno, la calle como espacio de lucha por la vida, lo cual según Daniel Florez, Ex -habitante de la calle, entrevistado y principal relator testimonial del trabajo periodístico de investigación de María Soledad Rico Sanín, en su libro: “El delito de existir”, significaba peligro de:

 

"los hombres vestidos de policía (que) avanzaban en motos a toda velocidad, pasaban por encima de nosotros para..."limpiar" el lugar; o el borracho que nos encendía a patadas porque sí, o el civil que desenfunda el arma y disparaba como deshaciéndose de un animal con rabia, o el dueño de apartamento de edificio lujoso que saca un balde con agua caliente para zamparnos  y destrozarnos las manos con las que escarbábamos las basuras..." (Rico Sanin, 1993:76)

 

En este contexto, “La nuda vida es la “vida sin valor” o “indigna de ser vivida”, la vida deja de ser política y jurídicamente relevante, la vida a la que se le puede dar muerte sin cometer homicidio” (Munera, 2008:27).

 

¿Crisis de los lugares de encierro o ciudades educadoras e inclusivas?

 

A estos niños en situación de calle, no llegan -y como característica general de la sociedad actual- los saberes disciplinarios y normalizadores ni los efectos de los mismos, -a excepción de las “normas de la calle”[16] que ellos mismos sostienen-, es decir, lo que para Foucault será la regularización de la sociedad y en este caso por medio de las instituciones modernas como la escuela a través del biopoder[17], no logra su finalidad normalizadora y formativa, tal vez, como lo cita Larrosa definiendo la infancia:

 

“No obstante, y al mismo tiempo, la infancia es lo otro: lo que , siempre más allá de cualquier intento de captura, inquieta la seguridad de nuestros saberes , cuestiona el poder de nuestras prácticas y abre un vacío en el que se abisma el edificio bien construido de nuestras instituciones de acogida”(Larrosa, J,2000:166)

 

Pueda deberse a que no asisten a la institución escolar, por tanto el saber de las ciencias humanas de carácter moral, ético y científico, no los ha normalizado y aunque ésta los busca, (proyectos como la Escuela busca al niño[18] o algunas ONGS como la fundación Hogares Claret, Don Bosco, entre otras), ellos escapan al aparato educativo, algo los aferra a su excepcionalidad, ellos vuelven a ella[19].

 

En el límite de la norma, si no están normalizados, son patológicos; patologías vivientes de la sociedad normalizada, como patologías pueden ser tratados bajo dos modalidades; la primera: su reinserción al colectivo, lo que implica la normalización de sus prácticas de vida, a su vez que el restablecimiento de sus derechos, -los derechos que no tienen o supuestamente tenían se les restablecen-, al respecto comentaba, en El mundo.com, Rubén Darío Restrepo, Secretario de Bienestar Social de la Alcaldía de Medellín (2009):

“Aparte de estos programas, el municipio tiene lugares específicos en donde se atienden los niños, niñas y adolescentes de la calle, además de que estamos trabajando mancomunadamente con el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) para el restablecimiento total de sus derechos” (Cursiva mía)

 

Reinserción, normalización y restablecimiento de los derechos perdidos, ausentes y olvidados por medio de instituciones como la escuela, los centros de ayuda, las ONGS, la iglesia y hasta el reformatorio, entre otras. La segunda modalidad: sino no se normalizan, su diagnóstico seguro es, “una patología incurable”; se le puede encerrar de por vida, o se le deja desvitalizar bajo otras “leyes”, las de la calle, es decir, la patología se muere siendo muerta por su medio, o espera a que brille tanto que se le de muerte por ser tan peligroso.

 

Schmitt (1998:78), haciendo alusión al estado liberal que se rige por principios económicos, en una de sus funciones, facilitar vivir o dejar morir, nombra esta característica cruel, que es saber de la muerte obligatoria sin el deber de actuar, pues, en una sociedad de competencia, solo sobreviven los más aptos, los niños y niñas de la calle no lo son, a ellos se les deja morir aunque haya necesidad de mostrar lo contrario. Aquellos niños habitantes de la sociedad neoliberal actual, que a la vez que normaliza, desnormaliza, socializa y prolifera niños en estado de excepcionalidad; los niños y niñas de muchas zonas marginales y no marginales, perviven en condiciones de pobreza, violencia, maltrato y desnutrición, entre otras, lo que les facilita la inserción al nivel más bajo de excepcionalidad infantil, vía abandono del hogar familiar o estructura social de acogida, entre otras, instalándose en la desprotección y desamparo de la ley.

Las calles públicas, como lugar de todos y de nadie, son el mejor ejemplo de la excepcionalidad infantil, en ella de múltiples formas la niñez se subjetivaba adquiriendo prácticas de vida que en la mayoría de los casos van en detrimento y degradación de su vitalidad, a su vez y en contra -con mayor significación- de los idearios culturales de buenas formas y buen vivir a seguir; la mendicidad, el robo, la delincuencia… los acercan más, al pasar de los años, al brillo de lo ilegal, siendo así, reconocidos por la ley como anormalidades, que los declara objetivo a vigilar y en sumo a castigar y encerrar. Estos niños socializados en y por las calles cuyo rotulo más explícito es la excepcionalidad por naturaleza, son un poco, actualmente, las más grandes victimas de su madre: como la araña que se come sus crías, la sociedad neoliberal. Señalados por la ley que les abandonó como peligrosos, ella vuelve a remediar su dejadez, no aliviándola, sino controlándola definitivamente con el encierro o abandono al medio que le da muerte.

 

Sobre lo anterior, reitero, es precisamente ese espacio excepcional, de vivencia sin derechos, en el que otra autoridad, habitante del lugar excepcional, pero con niveles de tolerancia regidos por los idearios modernos del buen vivir, marca estas vitalidades con orden de desvitalización[20], relación entre autoridad no policiaca y cuerpos sin derechos que en la excepcionalidad es común, en esta perspectiva, el asesinato de un mendigo es la menos importante de las muertes, pues, ellos en el zócalo de la vida de competencia, no son dignos ni aptos para la sobrevivencia, o se les deja morir o son muertos en su hábitat.

 

Para finalizar

 

Días después, por las calles del centro de Medellín, se ven a otros niños y niñas en similares condiciones, son 11, no está aquel niño mencionado principio, son otros niños con un rango aproximado de edad, entre los 8 y 13 años, se encuentran bajo una de las torres que sostiene los rieles del moderno metro, en medio de la basura, los malos olores producto de su y la orina y excremento de otros. Lo extraño, es que todos están con su cuerpo hacia la calle, hacia la gente que camina por las aceras, no están mirándose unos con otros ni reunidos en círculo con sus cuerpos hacia el interior, están mirando a la gente que pasa, luciendo su frasco o bolsa llena de sacol, miran a las personas que los esquivan, a la policía que a su lado no dice nada, ¿qué buscan sus miradas?, nadie los mira y ellos parecen no ver a nadie, sólo, según su posición aseguran ser vistos, mas no reconocidos, si estuviéramos en otro lugar, algún posible lugar que los reconociera, se acercarían miles de personas educadas en el buen vivir y ante su situación les preguntarían por su estado, por la razón de estar allí, por su apariencia, por los niños y niñas más pequeñas, por el hambre y la inseguridad, pero allí debajo del metro, en estado de excepcionalidad, siendo vistos por todos, nadie los aborda, están ahí sin estar.

 

En este contexto, poco o nada tienen que hacer los cuerpos de control, no disciplinan, no presionan ni intentan mantener el orden, mientras los niños no existan, es decir, no brillen por su anormalidad, no cometan errores que los pongan al descubierto de los otros, mientras conserven su lugar excepcional libres de la ley, del orden, del reconocimiento y la atención, todo está bien, ellos están ahí no estando y es mejor así, no se trata de estudiarlos ni de vigilarlos, menos de controlarlos, sólo se necesita su visibilidad invisible, su vivencia con el cuerpo mas no con el derecho de ser reconocidos como sujetos de derecho. Los cuerpos de control, los que están allí, al lado de ellos paradójicamente muy cerca, a unos cuantos metros, observan a la gente caminar, buscan el delito, el infractor de la ley, al que se salga del orden, a su lado en el desorden reseñado por la ley, están los niños de la calle que sin ser reconocidos continúan su vivencia excepcional.

 

Sobre lo que pasa, tres pliegues conclusivos; rostros y rarezas

 

1) La normalización de la excepcionalidad en el marco del neoliberalismo (Iturralde, 2010) trae consigo, una “naturalización” de la excepcionalidad en la que viven los niños en situación de calle. La relación de éstos con las condiciones de existencia actual, esto es, la competitividad, es apenas innegable; su vida pende del hilo frágil y vulnerable de la calle, la economía y la “limpieza social”; su existencia, es un –olvidar sabiendo que se olvidó- del Estado, un pasar desapercibido para que este último no intente encarcelar y un estar visible para la gente que no los ve; su vitalidad está libre a la fácil muerte.

2) A los niños en situación de calle, entre lo normal y lo anormal, no los caracteriza ni la diferencia ni igualdad, tampoco el reconocimiento, a lo mejor el olvido, la exclusión y el rechazo. Dado que una norma o preferencia de normalidad no condiciona o impone un efecto (Canguilhem, 1971:187), pero que antagónicamente si produce una anormalidad, es factible asegurar que entre aquella dualidad se encuentra la excepcionalidad. No se es normal ni anormal, el estado de excepcionalidad está presente, lo normal excluye lo que lo anormal también, ¿qué excluyen?, una excepcionalidad, algo a lo que no se puede regular, pero, tampoco, y a manos de un ente público como el Estado, eliminar.

3) La espacialidad excepcional, esto es, en estado de excepción, contiene a los niños en situación de calle en relación con una norma o ley “desaplicada”, pueda ser, la Ley de Infancia y Adolescencia en Colombia, por el contrario, una norma “aplicada”, es decir, en fuerza de ley (Agamben, 2004:62). La nuda vida o vida desnuda es más visible en cercanía a la anormalidad como bache, error o alarma del sistema, que a la normalidad, donde es, en este caso, rechazada o ignorada; siendo invisible para la gente del común y la mayoría del tiempo para los cuerpos de control, como representantes de la ley.

  

 

 

*Ivannsan Zambrano Gutiérrez

Investigador en formación Grupo Historia de las Prácticas Pedagógicas (GHPP)

Ex –Representante Estudiantil Universidad Distrital Francisco José de Caldas y suplente de Representación Estudiantil, Lic. Pedagogía Infantil. Facultad de Educación Universidad de Antioquia.

 

Referencias Bibliográficas

 

Libros

 

Agamben, Giorgio. (2004). Estado de excepción. Buenos Aires: Adriana Hidalgo Editora.

Beas Miranda, Miguel. (2009). Ciudadanía y procesos de exclusión. En El largo camino hacia una educación inclusiva: la educación especial y social del siglo XIX a nuestros días XV Coloquio de Historia de la Educación eds Reyes, M., Conejero,S. España. Universidad Pública de Navarra.

Bourdieu, Pierre Gunter, Teubner. (2000).La fuerza del derecho;. Bogotá: Siglo del Hombre Editores Ediciones Uniandes, Instituto Pensar. (estudio preliminar y traducción Carlos Morales de Setièn Ravina).

Canguilhem, Georges. (1971). Lo normal y lo patológico. Buenos Aires: Siglo Veintiuno argentina sa.

Germani,Gino.(1971).Política y sociedad en una época de transición. América Latina. Buenos Aires: Paidos Editorial.

Foucault, Michel. Vigilar y castigar.(1998). (1975, trad.). Aurelio Garzón del Camino, México D. F:Siglo XXI,

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(recuperado el 18 de marzo de 2011)



[1] Este articulo se presenta en el marco del proyecto de Investigación “Historia de una infancia bajo estado de excepcionalidad de 1950 a 2010 en Colombia: el caso del infanticidio soberano”, el mismo, de manera reducida, fue base para una ponencia presentada en la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Mar del Plata durante los días 10, 11, 12 de agosto de 2011, en la ciudad de Mar del Plata- Argentina en el “III Simposio Internacional sobre Infancia, Derechos de niños, niñas y adolescentes. Las prácticas profesionales en los limites de la experiencia y del saber disciplinar”. El desarrollo de éste y su contenido se articuló con la práctica pedagógica de la Lic. en Pedagogía Infantil de la Universidad de Antioquia, la cual me permitió entrar en contacto con la población objeto de estudio de esta investigación, esto es, los niños en situación de calle, también se entrevistó a algunos habitantes del lugar (comerciantes y transeúntes del centro de Medellín), a su vez, se consultaron algunas superficies discursivas del sector (periódicos, revistas), investigaciones realizadas e información contenida en los portadores tradicionales de texto. Debo un especial reconocimiento a un bello libro “El delito de existir” de María Soledad Rico Sanín, a quien le debo parte del título de este articulo y a quien corresponden los epígrafes en el texto, entre otras…

[2] El texto, presenta simultáneamente los datos etnográficos resultado del trabajo de campo y la conceptualización y problematización biopolítica. Éste se inscribe en una genealogía del presente teniendo por objeto a los niños en situación de calle.

[3]“El sacol es un solvente volátil, clasificado dentro del grupo de los hidrocarburos alifáticos como grupo aromático, cuya principal sustancia química tóxica es el tolueno u acetato de etilo, este inhalante es altamente adictivo, se usa para "ponerse bien", y se inhala a través de la nariz o de la boca (insuflación o aspiración), que producen depresión y/o estimulación en el sistema nervioso central, causando alteraciones de la percepción neuro-sensorial, distorsiona los sentidos, afecta las funciones cerebrales con trastornos de la personalidad y de la conducta”. Centro de Investigaciones, Asesorías y Servicios Investigativos de la Fundación Universitaria Autónoma de las Américas. (2005). Factores sociales asociados al consumo de sacol y daños colaterales respiratorios en la población de menores de la calle del municipio de Medellín (Antioquía). Noticia. No 5. Pp. 10

[4]“El desencantamiento de la violencia política que padeció el país trajo repercusiones, tanto en la vida rural como en la vida urbana, convirtiéndose la ciudad en un aposento de la población campesina expulsada, que entra a incidir y a apuntalarse en las zonas periféricas de la ciudad, generando contradicciones con la forma legal de ocupación del espacio. Este hecho también produjo modificaciones en la estructura social y económica que incidieron sobre las funciones de ocupación del espacio, como también, generaron en la ciudad formas de desempleo abierto como procesos de pauperización, que acentúan la concentración poblacional, generando el surgimiento de centros de deterioro social que expresan los diferentes fenómenos que se van produciendo en nuestra ciudad, ante la carencia de fuentes de empleo, tanto en la vida económica, como en la vida política”. Instituto Colombiano de Bienestar Familiar “ICBF” Regional Antioquia, Servicio Nacional de Aprendizaje “SENA” Seccional Antioquia, Coldeportes de Antioquia, Bienestar Social de Medellín. (1979). Acerca de la niñez de la calle en Medellín: diagnostico. Medellín: Sección de Publicaciones de la División de Comunicaciones de la Sede Nacional del ICBF. Pp. 27-28

[5] “Las políticas del gobierno de Uribe han confirmado el ascenso del liberalismo autoritario en las esferas política y económica colombianas. Se ha consolidado así el “sentido común” en materia penal que impulsa el Estado Neoliberal. Esta estrategia penal se caracteriza por una racionalidad autoritaria y economicista que minusvalora las consideraciones políticas y sociales e introduce, a su vez, en el campo del control del delito los dogmas del sistema penal de excepción, la responsabilidad individual y la eficiencia del mercado. La preocupación principal del Estado es mejorar los mecanismos de control, con el propósito de proporcionar seguridad a los mercados y a la inversión, con el argumento de que solo entonces podrán florecer los derechos. Mientras esta promesa se cumple, las medidas de excepción hoy, como desde hace cincuenta años, son utilizadas para enfrentar la protesta y el conflicto social”. Iturralde. (2010). Castigo, Liberalismo autoritario y Justicia Penal de Excepción. Bogotá`: Siglo del Hombre Editores, pp. 302-303

[6] Siguiendo a Bourdieu y aceptando que un campo jurídico es parte de un espacio social (Bourdieu: 2000:66), en el caso Colombiano, el Campo de control del crimen y justicia penal de excepción (Iturralde,2010), se escribe sobre un espacio excepcional producto del campo jurídico que reconfigura la espacialidad que lo contiene, desplegando y modificando prácticas de vida en el marco de la justicia Penal de excepción, esto es “…el campo del control del crimen es un lugar en donde se compite por controlar los términos y el objeto central de los conflictos que tienen lugar dentro de ese campo (es decir, que clase de acciones constituyen un delito, quien es el delincuente, que clase de trato merece). El resultado contingente de esas disputas define lo que cabría llamar un sentido común en materia penal, es decir, lo que se acepta por lo general como importante, significativo y visible para los actores del campo e instituciones del campo del control del crimen. Así, este sentido común construye un consenso social a partir de prácticas de socialización cultural arraigadas en determinadas creencias, tradiciones o prejuicios”.(Iturralde, M, 2010:34)

[7] Para esta población, como se reseña en los trabajos de Hartwig Weber y Sara Sierra Jaramillo, en un libro titulado “Cicatrices en mi piel; los niños de la calle se fotografían a sí mismos” (2005), con varias similitudes a la diferentes crónicas del trabajo periodístico de María Soledad Rico Sanin (1993), la vida es el hoy, es lo que se vive, no hay un mañana, no se piensa un futuro, todo lo “real” esta en el presente. El libro Cicatrices en mi piel, del investigador Alemán y la Hermana Sor Sara merece un reconocimiento, pues, a través de la fotografía y el análisis en torno a las prácticas asociadas a ella, muestra como ese presente registra lo existente, reconociendo la dificultad o “imposibilidad” de lo ausente, del mañana, escriben;“Es así como su propio sentido de la realidad le dice a los niños de la calle que constantemente tienen que contar con la muerte. (…)El sentimiento constante de la amenaza y de la incertidumbre refuerza en los habitantes de la calle el deseo de poseer sus propias imágenes: las fotos significan un poco de certidumbre. Cuando los niños de calle oprimen el obturador de una cámara, se resisten con ello a la imponderabilidad del tiempo. Entre los fotos y la realidad se origina una especie de cordón umbilical del que temen ser separados. Esas fotos conservan un pedazo de realidad, en el que ellos separan una parte segura de su presente para el incierto futuro. (…) El valor de las tomas surge del reaseguramiento de lo que hay para ver, algo real, ciertamente existente. (2005;25)

[8] Para este artículo, es necesario diferenciar entre los niños (as) que inhalan Sacol (pegante) o cualquier otro tipo de sustancia psicoactiva a los que no, pues estos últimos, sin depender de estas sustancias tienen mayor posibilidad de reinsertarse en la sociedad, de protegerse, de decidir, al contrario los primeros seducidos, trastornados y poseídos por los efectos del sacol están más expuestos a diferentes peligros en la calle. Tanto los primeros como los segundos, son tratados con indiferencia, desprecio y desagrado, basta su apariencia (suciedad) para ser rechazados por los transeúntes, la policía, entre otros.

[9] Sin tener cifras precisas, hacia el 2010 la Universidad de Antioquia en alianza con la Alcaldía de Medellín, señalaba que en las calles de Medellín existían 1080 niños en situación de calle, sin embargo, dicha cifra era puesta en debate por Teleantioquia quien consultó otros censos efectuados en 2009 que triplicaban la cantidad de habitantes de la calle. Cifras de ONGS desmienten cifras oficiales de niños habitantes de calle.

[10] Instituciones y programas como Hogares Claret, Don Bosco y Patio 13 son de suma importancia.

[11] En un estudio realizado entre Febrero de 2005 y Mayo de 2008 inserto en el proceso formativo en la Maestría en Salud Colectiva de la Universidad de Antioquia, enmarcado en el macroproyecto “Vivir en la calle, violencia y consumo de drogas: Una mirada etnográfica desde la Salud Pública” financiado por Colciencias y la U de A, se presentó como resultado de la investigación que para los niños en situación de calle existen dos tipos de violencia, esto es, violencia ilegitima (violencia) y violencia legítima (no violencia), la primera auspiciada por gente de la calle externa a ellos: la policía, las convivir y los celadores ,entre otros y no violencia (entre ellos mismos), inscrita en sus propias normas de calle, construidas de acuerdo a lógicas del espacio que habitan, “Se dan en un marco de defensa de sí mismos, de las personas que quieren y les son significativas”. Valencia González, Alejandra Alcaraz López, Gloria Margarita. (2010). La violencia no siempre es violencia. El significado para los niños y niñas en situación de calle. Investigación y Educación en Enfermería. Pp438-439, este tipo de normas no son bien aceptadas, el estudio nombra como para los ciudadanos normales, la manera en que “se tratan”, las normas que caracterizan a las personas en situación de calle son despreciadas por considerarse violentas.

[12] “Algunos siquiatras de Bogotá están consiguiendo lo que muchos profesores no habían logrado: calmar a aquellos alumnos que no permanecen sentados ni cinco minutos en el pupitre y que rara vez prestan atención a clases. El problema es cómo lo están haciendo” Los colegios, “Les exigen firmar un contrato académico donde se establece que el niño (que ya fue diagnosticado como hiperactivo), debe consumir la pastilla mientras el siquiatra no diga otra cosa, afirma Armando Chavarro, cienciólogo y miembro de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos que desde hace tres años estudia el tema” “Chavarro asegura que en la capital están dopando a éstos niños. Lo que hace la droga -observa- es disminuir la sensibilidad y la percepción. Es decir, el niño queda drogado”. González del Río, W. (2004).REVUELO POR DROGA SIQUIÁTRICA PARA LOS NIÑOS HIPERACTIVOS.

[13] Para Víctor Gaviria, director de cine, escritor y poeta, autor de cuatro libros de poesía y director del famoso film “la vendedora de rosas”, nominada para la Palma de Oro de Cannes (1998) , filmada en Medellín, con escenarios y actores reales (niños y niñas de la calle), el Sacol “…es, creo, el puente de alivio a través del cual los niños de la calle buscan retornar a su infancia perdida. (…)La infancia de estos niños es el sacol. Ellos han visto su infancia interrumpida abruptamente, y la encuentran tristemente sustituida por el alivio de una borrachera y un viaje (del ánimo) que la aleja de la realidad, igual que si estuviera rodeada de colchones de aire que la tamizan como un sueño. No hay hambre, ni frío, ni soledad...” Recuperado de: http://www.observatorio.gov.ar/cya/films/2/La_Vendedora_de_Rosas.pdf

 

[14]“Fuerza de Ley hace referencia a la fuerza de las leyes en el ordenamiento jurídico, relativamente a aquellas normas superiores e inferiores. Agamben muestra que tanto en la tradición antigua como en la moderna, esta idea nunca se ha referido a las leyes (lo cual habría sido redundante), sino a los decretos gubernamentales que, en algunos casos (estados de excepción) adoptaban el mismo rango de las leyes en cuanto su poder de obligar. De manera que la noción de fuerza de ley introduce un desfase entre la esencia formal de los decretos y su uisobligandi. Lo verdaderamente interesante es que el estado de excepción aísla a la ley de la fuerza de ley. (…) en el estado de excepción se produce un espacio anómico (el derecho esta suspendido), en que tiene presencia, sin embargo una fuerza de ley. Con base en esas consideraciones, Agamben caracteriza el estado de excepción en términos de “fuerza -de -ley (sin ley)” o fuerza -de –ley”. P 96

[15]“La nuda vida es la vida biológica, excluida de lo político, que mediante el estado de excepción es incorporada por el sistema legal en una zona en que el derecho no se aplica y la vida no es vida. Allí ubicada, la vida deja de ser una propiedad del individuo. La nuda vida es la vida abandonada que por no pertenecer en rigor, a nadie, queda a disposición del poder soberano, que puede hacer con ella “lo que le guste”. p 91-92, a su vez, “la relectura de Aristóteles y Arendt, le permite a Agamben concebir la Nuda vida como el resultado de una exclusión/inclusión de la vida biológica (zoe) en el ámbito de la política; sin embargo, la nuda vida no es la simple zoe, sino el resultado de su transformación al entrar en contacto con el poder soberano y con la violencia sagrada planteada por Walter Benjamín. Precisamente ésta última le abre a Agamben una de las puertas de ingreso al ámbito de la excepcionalidad, pues mediante la violencia sagrada (entendida como violencia pura) se revoca el derecho y se rompen las fronteras políticas entre lo normal y excepcional. Normalidad y excepcionalidad en la política”. (Mùnera, 2008:25)

[16]“La calle y sus leyes configuran todo un sistema de representaciones con gran diversidad de matices, de las que los Habitantes en Situación de Calle son los protagonistas, quienes como sujetos históricos establecen relaciones de pertenencia con su entorno, introyectando para sí mismos una manera distinta de ver y de entender el mundo, que generalmente está permeado por el acecho de la muerte y la necesidad de vivir cada día como si fuera el último, pues la muerte/sobrevivencia se constituye en el eje que transversaliza toda la existencia del Habitante de la Calle”. OROZCO SALAZAR, E. (2007). HABITANTES DE LA CALLE Y CONSTRUCCIÓN TERRITORIAL EN EL CENTRO OCCIDENTE DE MEDELLÍN.Trabajo de Grado. UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIAFACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES Y HUMANAS,DEPARTAMENTO DE TRABAJO SOCIAL. PP 43

[17]Entendiendo que para Foucault el funcionamiento de las sociedades modernas se da a través de una anatomopolítica del cuerpo y una Biopolítica de control sobre la población, que constituyen el biopoder, y que éste tiene por objeto la vida biológica para controlarla pero también con el fin de insertarla en el engranaje económico propio del aparato productivo que la contiene, en el marco de una sociedad normalizadora y con altísima incidencia de saberes modernos (Psicología, psicoanálisis, psiquiatría, medicina, entre otros),además de las instituciones que caracterizan esta sociedad de control, esto es, la escuela, el hospital, la cárcel, la fabrica, en esta perspectiva es factible sostener, por lo menos en el caso de aquellas instituciones, que sus efectos sobre esta población sino son nulos son bastante bajos, es decir, si el biopoder se despliega a través de esta sociedad de control por medio de la familia, la escuela y de una manera sutil por medio de la mass media, en el caso de los niños en situación de calle, ¿Cuál escuela, cual familia, cual mass media (Internet, televisión, propaganda publicitaría)?...efectivamente sus efectos son notorios, pero de manera inversa, acercando a la anormalidad, excluyendo, eliminando.

[18] “…un proyecto liderado por la Alcaldía de Medellín bajo la coordinación de la Secretaría de Educación, UNICEF, la Corporación Región, la Universidad de Antioquia y la Asociación Antioqueña de Cooperativas (CONFECOOP). (…)Este programa ha centrado su intervención en la atención a la población en situación de vulnerabilidad y tienen un acompañamiento directo básicamente en las comunas 8 y 9, además de intervenir en barrios como Moravia, Picacho y Colón, mejor conocido como “Niquitao”.”. Recuperado de: http://www.medellin.edu.co/sites/Educativo/Directivos/Noticias/Paginas/ED21_AE_Escuelabuscaelnino.aspx

[19] Los niños y niñas en situación de calle, muchas veces son recogidos por sus padres a la fuerza o por centros de ayuda, al llegar a casa o a las instalaciones del centro, la mayoría de las veces según habitantes del centro Medellín y las mismas instituciones de ayuda, se les ve de regreso o escapan. En sus casas no encuentran algo que los retenga, pues, según los niños entrevistados en aquellos lugares para la rehabilitación, habita la violencia, de tal manera que estando en ese lugar, según la información recolectada los maltratan y amenazan otros niños con mayor edad, de esta forma “… una vez llegan al centro de diagnostico, el Urabaense, más alto y acuerpado que los otros dos, le dice bajo cuerda al niño del brazo herido “Le voy a meter un chuzon. Usted sabe como soy yo”. (…) Así las cosas, con este “caciqueo” perpetuo, los dos niños iníciales (niños en situación de calle) se devuelven a pie por donde vinieron en carro, oliendo pegante y convencidos de que le va mejor en la calle…”, Daniel Flores caracterizaba dicho deseo de estar en excepcionalidad, en nuda vida, así “Nuestra libertad estaba presa sólo en la medida en que pensábamos en la falta que nos hacían los elementos materiales para sobrevivir, por lo demás, éramos felices de poseer la independencia de actuar en un sentido o en otro”, mas adelante comenta; “La libertad era nuestro gran tesoro, que debíamos cuidar y disfrutar”. (Rico Sanin,1993: 25 - 34)

 

[20]“La violencia que vive esta colectividad se ha estudiado en lo internacional y en lo local. Estudios internacionales de Le Roux y Smith en Sudáfrica, Brasil, Guatemala y Colombia reportan la presencia de grupos de exterminio, que por épocas han incursionado en los asesinatos selectivos de personas socialmente consideradas dañinas, entre las que figura esta población”.Valencia González, Alejandra Alcaraz López, Gloria Margarita. (2010). La violencia no siempre es violencia. El significado para los niños y niñas en situación de calle. Investigación y Educación en Enfermería, pp. 436, un ejemplo de dichas organizaciones es: “Desde hace muchos meses los ‘convivir’ vienen persiguiendo a los jóvenes en situación de calle, a veces con la complicidad de algunos agentes de la Policía. Los desaparecen, los golpean, los asesinan y el hecho de que a nadie le importe, eso no va conmigo”. Y continua Jorge, un joven en proceso re-educativo de la Fundación de Hogares Claret, “Desde el 15 de enero no tenemos noticia de un joven, amigo mío entre otras cosas, llamado Fredy Córdoba, de 15 años de edad. Los ‘convivir’ lo capturaron en Prado Centro, porque supuestamente estaba robando. En la calle se dice que ‘lo enmaletaron’. ¿Qué significa eso? que lo desaparecen o lo asesinan y dejan su cuerpo por ahí abandonado” “Lo que pasa es que los comerciantes del centro los legitiman, por así decirlo, porque le pagan a esta gente. Ellos cobran cada semana y todos pagan. Se mantienen armados. Usted los ve en todos los parques del centro: Bolívar, Berrío, Botero; por la Facultad de Salud Pública, por Bolívar, Prado Centro. No hay lugar del centro que no esté controlado por los ‘convivir”, explicó”. IPC, Instituto Popular de capacitación. (2010). Las “convivir” se convirtieron en verdugos de niños de la calle de Medellín.