Revista de Ciencia PolŪtica
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Revista Nº14 " HOMENAJE I "

Resumen

 

El presente ensayo, es en cierta medida un homenaje y un recordatorio del cambio producido por el liderazgo de N√©stor Carlos Kirchner en la Rep√ļblica Argentina. A un poco m√°s de un a√Īo de su fallecimiento, su legado pol√≠tico ha sido la revalorizaci√≥n de la pol√≠tica, reflejada en un nuevo pa√≠s, pujante y soberano.

 

Abstract

 

This essay is, in a certain way, a tribute and a reminder of the change the leadership of Néstor Carlos Kirchner has brought to the Republic of Argentina. More than a year later after his death, his political legacy has been the renewed value of politics showed by a booming and sovereign country.

 

El legado de Néstor Kirchner, o la revalorización de la Política

 

Hern√°n Fair[1]

 

Una consternaci√≥n y profunda tristeza me invadi√≥ en la ma√Īana del mi√©rcoles 27 de octubre del 2010, cuando me enter√© del prematuro fallecimiento del ex presidente de los argentinos, N√©stor Kirchner. Tr√°gico final para un hombre que literalmente dej√≥ su vida por sus valores e ideales pol√≠ticos. En este eje anal√≠tico es, precisamente, en el que quisiera centrarme en este breve ensayo conmemorativo, ensayo que iniciara en su escritura a los pocos d√≠as de su muerte, y que ahora retomo para concluir. No es intenci√≥n de este trabajo, entonces, dar cuenta de un largo o corto recuento, o de una interpretaci√≥n exhaustiva de sus hechos pol√≠ticos m√°s importantes durante su per√≠odo de Gobierno (2003-2007). Entre ellos, claramente se destacar√≠an la impresionante recuperaci√≥n econ√≥mica y social del pa√≠s frente a la crisis casi terminal de diciembre del 2001, a partir de una oposici√≥n firme y decidida a las pol√≠ticas neoliberales que empobrecieron al pueblo argentino entre 1976 y el 2001, y su indiscutible rol de liderazgo en la creaci√≥n y recuperaci√≥n de un marco de paz y gobernabilidad pol√≠tica duradera, que le permiti√≥ mantener altas tasas de respaldo popular. Adem√°s, un an√°lisis integral no puede dejar de recordar su firme y activa pol√≠tica a favor de los Derechos Humanos y la b√ļsqueda de Memoria, Justicia y Verdad, frente a los feroces cr√≠menes de la √ļltima Dictadura c√≠vico-militar y la verg√ľenza e impunidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final del alfonsinismo y los indultos del menemismo. Finalmente, otros hechos concretos y tangibles que merecen ser destacados son la modificaci√≥n de la Corte Suprema ‚Äúadicta‚ÄĚ del menemismo, la fuerte integraci√≥n regional con los pa√≠ses Latinoamericanos y la hist√≥rica reducci√≥n porcentual de la carga condicionante de la deuda externa.

 

Simplemente, lo que quiero enfatizar en este ensayo es que, para aquellos que consideran que todo es lo mismo, que las ideolog√≠as est√°n muertas y todo da igual, que las pol√≠ticas de izquierda y de derecha ya no tienen sentido, lo que pretendo se√Īalar es que en realidad no todo lo es: no es lo mismo, ni mucho menos, neoliberalismo y Estado subsidiario en defensa de los sectores de mayor poder econ√≥mico, que recuperaci√≥n del Estado social interventor y regulador para los sectores que menos tienen (y m√°s lo necesitan para su supervivencia). No es lo mismo los ajustes permanentes sobre los sectores menos favorecidos, que el incremento de la inversi√≥n p√ļblica social; la reducci√≥n de salarios, que su incremento v√≠a paritarias y negociaciones permanentes; los indultos a los militares responsables de Terrorismo de Estado, que su juzgamiento y establecimiento en c√°rcel com√ļn; la ‚Äúreconciliaci√≥n‚ÄĚ con los principales ide√≥logos de la Dictadura, que el bajar el cuadro del dictador Videla del Colegio militar y crear el museo de la ESMA; la desocupaci√≥n del 25% y la pobreza del orden del 53% de la poblaci√≥n, que la firme recuperaci√≥n del empleo y la dignidad del trabajo iniciada en el 2003; el 1 a 1, con su paridad fija sobrevaluada, que un tipo de cambio competitivo con flotaci√≥n administrada que incentiva la producci√≥n y el desarrollo de la industria nacional a partir de la sustituci√≥n de importaciones y la exportaci√≥n; la privatizaci√≥n compulsiva de las empresas p√ļblicas, que la nacionalizaci√≥n de las empresas estrat√©gicas; la flexibilizaci√≥n laboral y los salarios y jubilaciones ‚Äúcongeladas‚ÄĚ o directamente reducidas (13%), que la implementaci√≥n de mejores salarios y jubilaciones. Tampoco es lo mismo el arrodillamiento vergonzoso ante las ‚Äúrecomendaciones‚ÄĚ del FMI, los Estados Unidos y el establishment internacional, que el fin de las relaciones ‚Äúcarnales‚ÄĚ y la subordinaci√≥n permanente a sus dictados. En ese contexto, no es lo mismo inserci√≥n internacional en el marco de una sumisi√≥n claudicante ante los pa√≠ses centrales, que la ansiada unidad latinoamericana con los gobiernos progresistas de la regi√≥n y la recuperaci√≥n de la soberan√≠a econ√≥mica y la independencia pol√≠tica. Finalmente, no es lo mismo la Corte Suprema de Justicia ‚Äúadicta‚ÄĚ y corrupta del menemismo, que la renovaci√≥n de la Corte, con sus prestigiosos integrantes actuales, reconocidos, incluso, por sus m√°s furiosos opositores.

 

Todas estas fronteras pol√≠ticas tangibles entre el neoliberalismo menemista y el neokeynesianismo kirchnerista, la privatizaci√≥n versus la nacionalizaci√≥n, la apertura comercial versus la protecci√≥n industrial, la flexibilizaci√≥n laboral y el congelamiento de salarios versus las paritarias y los incrementos salariales, el ajuste del gasto p√ļblico social versus el incremento de la inversi√≥n p√ļblica, el desempleo y subempleo masivo versus el incremento del empleo a partir de la creaci√≥n de millones de puestos de trabajo, la ficci√≥n del 1 a 1 sobrevaluado, versus un tipo de cambio competitivo y con orientaci√≥n exportadora. Y tambi√©n, la frontera entre una corte adicta al poder versus una corte independiente y prestigiosa, las relaciones ‚Äúcarnales‚ÄĚ con Estados Unidos versus la relaci√≥n de respeto mutuo, el pago religioso al FMI y la aplicaci√≥n de sus recetas ortodoxas, versus la independencia del FMI. Finalmente, los indultos y la idea de ‚Äúreconciliaci√≥n‚ÄĚ versus el juzgamiento a los militares y la pol√≠tica de la memoria, justicia y verdad para los cr√≠menes de la Dictadura, as√≠ como el abrazo simb√≥lico con Isaac Rojas, versus la eliminaci√≥n del cuadro de Videla y la creaci√≥n de un museo en la ESMA y un feriado conmemorativo del 24 de marzo.

 

Todas estas fronteras, dec√≠a, pueden ser resumidas en la doble confrontaci√≥n cultural y pol√≠tica en relaci√≥n a la verg√ľenza que signific√≥ el menemismo y su neoliberalismo atroz, y en relaci√≥n a la tr√°gica y feroz Dictadura c√≠vico militar y su bestial impunidad. Cada una de estas contraposiciones se consolid√≥, no sin algunas contradicciones, desde el a√Īo 2007, a partir de la asunci√≥n del actual gobierno democr√°tico presidido por Cristina Fern√°ndez. De todos modos, en este breve ensayo no quisiera hacer menci√≥n espec√≠ficamente a estos cambios tangibles y concretos que se oponen de forma irreconciliable a los ide√≥logos neoliberales de un mundo sin la presencia de cosmovisiones y proyectos concretos de pa√≠s que resultan antag√≥nicos. Un mundo que se pretende ut√≥picamente sin sectores hist√≥ricamente dominantes y dominados, sin explotadores y poderes concentrados y explotados y discriminados, que nada tienen que perder m√°s que su vida y su dignidad arrebatada. Existe, creo, un elemento que es central y que, sin embargo, no se encuentra de ning√ļn modo desligado de los anteriores. Es m√°s, constituye el n√ļcleo nodal de lo que se encuentra en juego desde la emergencia de estos diversos l√≠deres nacional-populares, de izquierda nacional, progresistas, o de centroizquierda, que han emergido a comienzos de este siglo como oposici√≥n a la feroz dictadura del mercado liberalizado y el pensamiento √ļnico neoliberal. Sin pretender originalidad, ese elemento central, que permite entender todo el proceso de cambio, es la recuperaci√≥n o, mejor dicho, la revalorizaci√≥n de la pol√≠tica. A partir de ahora, lo voy a escribir con may√ļscula, ya que se trata, en realidad, de una verdadera revalorizaci√≥n de la Pol√≠tica, con todo lo que ello implica de positivo para las sociedades y pueblos que requieren de ella como el agua.

 

Hist√≥ricamente, aunque en particular en las √ļltimas d√©cadas, la pol√≠tica ha sido vinculada en nuestro pa√≠s a cuestiones de orden negativas. Sin pensar mucho, se la relaciona con la corrupci√≥n, las habituales mentiras y manipulaciones de los pol√≠ticos y la impunidad. En ese marco, la pol√≠tica no puede ser m√°s que defensa de intereses particulares o personales, chantaje, pura ret√≥rica vac√≠a o edulcorada con lindas frases marketineras. En la pol√≠tica siempre hay algo que se esconde, un detr√°s o pantalla que nos estar√≠a ocultando la real realidad del poder y la dominaci√≥n. Un poder que, desde esta concepci√≥n, claramente se encuentra depositado en los pol√≠ticos y en la partidocracia del Congreso, lugar donde, con la excusa del debate de ideas, se hace pol√≠tica para buscar todos los medios disponibles para enriquecerse de forma personal y enriquecer, al mismo tiempo, a los familiares, amigos y conocidos.

 

Como toda creencia parcialmente sedimentada, esta creencia extendida tiene un firme asidero en la realidad pr√°ctica. En efecto, la pol√≠tica tiene una cuota de seducci√≥n ante el p√ļblico, aunque debemos reconocer que todos, en mayor o menor grado, hacemos o intentamos hacer esa seducci√≥n en nuestras relaciones interpersonales (por ejemplo, en una relaci√≥n amorosa, o en una entrevista de trabajo). Tambi√©n tiene un importante elemento realista de lucha por el poder, al menos si tomamos en cuenta la antropolog√≠a negativa del hombre que lleva inherente nuestro enfoque cr√≠tico. Finalmente, en pa√≠ses como el nuestro, la vinculaci√≥n de la pol√≠tica con los pol√≠ticos, y de estos con la manipulaci√≥n, la corrupci√≥n y el enriquecimiento personal, tiene largos y lamentables antecedentes. La cuesti√≥n, sin embargo, es m√°s compleja de lo que parece, ya que, de forma corriente, la pol√≠tica deja de ser vinculada √ļnicamente a cierta seducci√≥n inherente, o a una mera lucha por alcanzar los beneficios ligados al poder, para ser relacionada con otros ‚Äúvalores‚ÄĚ muy ajenos a su concepci√≥n. Me refiero a los adjetivos negativos antes mencionados, relacionados con la mentira, el ocultamiento, la corrupci√≥n, el nepotismo y la defensa √ļnica de intereses personales, entre los que podemos destacar el enriquecimiento particular a cualquier costo y con total impunidad. Todas estas cuestiones, pese a que realizan una clara generalizaci√≥n injusta (como toda generalizaci√≥n) de lo que se considera despectivamente como la ‚Äúclase pol√≠tica‚ÄĚ, tienen como eje de apoyo un error conceptual. B√°sicamente, el de confundir a los pol√≠ticos, o a ciertos pol√≠ticos ‚Äúrealmente existentes‚ÄĚ, con la especificidad de la pol√≠tica.

 

Debemos reconocer que lo que han hecho muchos pol√≠ticos hist√≥ricamente en nuestro pa√≠s, y no s√≥lo en el nuestro, ha sido mentir, enriquecerse y enriquecer a sus familiares y amigos y alejarse de las demandas postergadas de quienes los eligieron, defraudando a sus electores y al conjunto de la sociedad. Sin ser exhaustivos, el ex presidente Ra√ļl Alfons√≠n prometi√≥ que con la democracia se iba a comer, educar y curar y que ‚Äúla Casa estaba en orden‚ÄĚ, mientras que su gobierno dej√≥ una crisis hiperinflacionaria ca√≥tica en 1989, y un acuerdo con los militares ‚Äúcarapintadas‚ÄĚ, que fue visto por gran parte de la sociedad como una traici√≥n al famoso ‚ÄúFelices pascuas, la casa est√° en orden‚ÄĚ, con el que el dirigente radical se despidi√≥ de su discurso en la Plaza de Mayo en abril de 1987. Desde el trabajo inicial de Oscar Landi, hasta la fecha, numerosos estudios han demostrado el fuerte impacto negativo que gener√≥ la promesa alfonsinista incumplida sobre el valor articulador de la palabra pol√≠tica. Y ello porque, como lo destaca la teor√≠a de los actos de habla de John Austin, la promesa es mucho m√°s que palabras vac√≠as y sin sentido. La promesa, esa maravillosa creaci√≥n del hombre que tan bien se√Īalara Hannah Arendt, exige su cumplimiento efectivo, por lo que su incumplimiento, para el discurso pol√≠tico, puede generar, como en aquella ocasi√≥n, una desafecci√≥n generalizada de la sociedad, que deposit√≥ su fe y esperanza en las palabras del l√≠der.

 

Con la asunci√≥n de Carlos Menem, la esperanza popular se renov√≥. En 1989, el entonces candidato justicialista de origen riojano vociferaba con sus largas patillas su deseo de realizar una Revoluci√≥n productiva y un Salariazo que lo asemejaba a las cl√°sicas banderas del populismo nacional del primer peronismo. Una vez en el poder, el desconcierto que gener√≥ su alianza con los enemigos hist√≥ricos de su partido-movimiento (Bunge y Born, la Uced√©) fue may√ļscula. Se habl√≥, y mucho, de traici√≥n a los ideales hist√≥ricos de Per√≥n y Evita. Al mismo tiempo, para complicar el panorama, la corrupci√≥n y el nepotismo de su gobierno fueron siderales. Finalmente, la frivolizaci√≥n de la pol√≠tica, con su l√≥gica del ‚ÄúPizza con champ√°n‚ÄĚ y las contradicciones ideol√≥gicas permanentes, que predominaron como nunca en esa √©poca, marc√≥ un punto de inflexi√≥n en lo que hasta all√≠ significaba la pol√≠tica en tanto debate p√ļblico de ideas y defensa program√°tica.

 

Precisamente, el tema de la honestidad, en oposici√≥n a la corrupci√≥n, fue el eje dominante con el que en 1999 asumi√≥ el poder Fernando de la R√ļa. Como la Ley de Convertibilidad (paridad cambiaria fija establecida en abril de 1991) se transform√≥ con el tiempo en un modelo socioecon√≥mico intocable, por temor a los efectos regresivos de una posible devaluaci√≥n, y sus palpables efectos de estabilizaci√≥n econ√≥mica y social muy pocos quer√≠an poner en cuesti√≥n frente al recuerdo ca√≥tico de la hiperinflaci√≥n anterior, el eje de la promesa delarruista gir√≥ en torno a una mayor honestidad y √©tica en la funci√≥n p√ļblica, manteniendo el modelo de acumulaci√≥n neoliberal que hab√≠a desarrollado su antecesor, y que parec√≠a ir por buen camino hacia esa Argentina ‚Äúmoderna‚ÄĚ e ‚Äúintegrada al mundo‚ÄĚ.

 

El episodio de las coimas en el Senado del 2000, m√°s all√° de la promesa incumplida de vender el avi√≥n presidencial (el ‚ÄúTango 01‚ÄĚ), marc√≥ los l√≠mites de la promesa de oponerse a la ‚ÄúFiesta menemista‚ÄĚ. Dentro de la propia frontera se colaba nuevamente el sucio tema de la pol√≠tica y su √≠ntima relaci√≥n con la corrupci√≥n, la impunidad y el enriquecimiento personal. Pero el eje que era intocable, el modelo de Convertibilidad, ser√≠a el que terminar√≠a por desencadenar el final de la experiencia delarruista. Una econom√≠a que, tras la devaluaci√≥n monetaria de Brasil de 1999, ya no pod√≠a mantener en pie la fantas√≠a del 1 a 1, lo que se expresar√≠a sintom√°ticamente en un crecimiento consistente de la desocupaci√≥n y subocupaci√≥n, la pobreza y la indigencia, adem√°s de la inequidad distributiva. El resultado de este proceso de creciente decadencia ser√≠a un simult√°neo incremento del descontento popular, que se pondr√≠a de manifiesto en toda su magnitud en las elecciones legislativas de octubre del 2001 y su famoso ‚Äúvoto bronca‚ÄĚ. Dos meses despu√©s, la ciudadan√≠a literalmente derrumbar√≠a al gobierno de origen radical, con su famosa movilizaci√≥n popular contra la confiscaci√≥n de los ahorros de la clase media y alta.

 

Haciendo una peque√Īa digresi√≥n, quisiera se√Īalar lo llamativo que resulta que aun se piense que la causa que llev√≥ a la implementaci√≥n confiscatoria del ‚Äúcorralito‚ÄĚ fue alguna cuesti√≥n econ√≥mica no del todo resuelta, o bien la corrupci√≥n gubernamental. En todos los casos, lo m√°s interesante y curioso de notar es su desvinculaci√≥n con la aplicaci√≥n sistem√°tica de las pol√≠ticas regresivas neoliberales que, tras m√°s de 25 a√Īos, llegaron a su fin en diciembre del 2001 o, m√°s precisamente, en mayo del 2003, con la asunci√≥n de los K. Esta no articulaci√≥n de un relato coherente de por qu√© se lleg√≥ realmente a la tr√°gica crisis del 2001 se manifiesta claramente cuando se observa que, en las elecciones presidenciales realizadas durante el 2003, se volvi√≥ a votar como presidente a Menem, al punto tal de que si no hubiera habido ballotage (parad√≥jicamente, incorporado durante la primera presidencia de Menem), el que hubiera gobernado el pa√≠s a partir del 2003 hubiera sido el propio Menem. No est√° de m√°s recordar que en esos a√Īos Menem, de un modo similar al candidato que sali√≥ tercero, Ricardo L√≥pez Murphy, promet√≠a dolarizar la econom√≠a, es decir, entregar la poca soberan√≠a pol√≠tica que aun le restaba al pa√≠s a manos de Estados Unidos, y profundizar la integraci√≥n al proyecto de libre comercio del ALCA, con la consecuente renuncia absoluta a la independencia econ√≥mica, por no decir la claudicaci√≥n final a todo atisbo de recuperaci√≥n de la justicia social que legara como premisa de base el peronismo hist√≥rico.

 

De todos modos, m√°s all√° de esta falta de un verdadero ‚Äúatravesar la fantas√≠a‚ÄĚ (de traspasar el fantasma que estructura la realidad, en el sentido lacaniano) que nos se√Īala el psicoan√°lisis como condici√≥n de posibilidad para superar el trauma, lo interesante de este recorrido vertiginoso es situarnos en lo que representaba y caracterizaba a nuestro pa√≠s, si es que podemos llamarlo as√≠, hace tan s√≥lo una d√©cada. Un pa√≠s que pr√°cticamente dejaba de serlo, o s√≥lo lo era en sentido formal. Sin soberan√≠a nacional e independencia econ√≥mica, socavada internamente por los poderes econ√≥micos de las corporaciones y externamente por los poderes de Estados Unidos y los organismos multilaterales. Sin justicia social, con una sociedad sumida en la m√°s absoluta desolaci√≥n y tristeza y sin un v√≠nculo b√°sico entre representantes y representados, con una sociedad civil fragmentada y caracterizada por una profunda desconfianza hacia sus representantes y hacia las propias instituciones representativas.

 

En ese contexto desolador, en el que la Argentina como Estado-Naci√≥n parec√≠a ir hacia su transformaci√≥n en una semi-colonia de los Estados Unidos, y la mayor√≠a de su poblaci√≥n ca√≠a y era dejada a la intemperie en la m√°s absoluta pobreza, parec√≠a que la respuesta s√≥lo pod√≠a ser la salida hacia el abismo de un nuevo Golpe de Estado. Sin embargo, la ciudadan√≠a ni siquiera quer√≠a eso, pese a que algunos lo interpretaron as√≠ (‚ÄúQue se vayan todos, que no quede ni uno solo!‚ÄĚ). S√≥lo pretend√≠a que se fueran todos los pol√≠ticos, que no hab√≠an hecho m√°s que defraudar a la sociedad con sus promesas incumplidas, su traici√≥n al pueblo, su enriquecimiento personal, su impunidad manifiesta y sus pol√≠ticas centradas en los intereses del establishment.

 

La situaci√≥n durante el a√Īo 2002, con Eduardo Duhalde como nuevo presidente provisional, continu√≥ con muchos vaivenes que, a pesar de iniciar la recuperaci√≥n econ√≥mica y social -producto, en gran medida, de los efectos positivos de la devaluaci√≥n monetaria sobre el desarrollo industrial y las exportaciones- no dejaron de incluir nuevamente la represi√≥n de la protesta social (masacre de Puente Pueyrred√≥n de los militantes Kostecky y Santill√°n). El saldo de estos fantasmas del pasado ser√≠an decenas de muertos inocentes, consecuencia, primero, de la feroz represi√≥n de la movilizaci√≥n social del 19 y 20 de diciembre de 2001 que hab√≠a dejado como herencia de De la R√ļa, y luego, de las dos muertes referidas del Puente Pueyrred√≥n de junio de 2002 de Duhalde, que concluyeron, finalmente, en el adelantamiento de la fecha de elecciones presidenciales.

 

Es en ese panorama triste y desolador que asume un flaco y desgarbado l√≠der proveniente del sur del pa√≠s, un desconocido ‚Äúdelf√≠n‚ÄĚ de Duhalde que hasta entonces gobernaba la patag√≥nica provincia de Santa Cruz. Este ignoto dirigente parec√≠a destinado a repetir la historia, con sus promesas demag√≥gicas de campa√Īa sobre la supuesta recuperaci√≥n de un modelo de industrializaci√≥n y de trabajo para todos los argentinos. Sin embargo, el rechazo a la figura de Menem, a aquel pol√≠tico por excelencia, el traidor, corrupto y ‚Äúvendepatria‚ÄĚ que algunos se√Īalaban como culpable del desastre del 2001, era mayor. As√≠, con mucha suerte, y algo de l√≥gica pol√≠tica, el ‚Äúchirolita‚ÄĚ de Duhalde, como lo denominar√≠an maliciosamente algunos intelectuales org√°nicos del establishment, asumir√≠a el poder un 25 de mayo del 2003 con una legitimidad de origen que orillaba tan solo el 25% de la poblaci√≥n.

 

La √©pica acompa√Ī√≥ a N√©stor Kirchner desde su asunci√≥n. Con la recordada sangre en su frente, tras un accidentado choque con un camar√≥grafo que cubr√≠a su asunci√≥n. Tambi√©n lo acompa√Ī√≥ la rebeld√≠a, con su saco desabrochado, su andar desgarbado, su pelo al viento y desarreglado, su juego inicial con el bast√≥n presidencial. Ya desde los inicios parec√≠a que est√°bamos en presencia de un l√≠der diferente. Incluso, recuerdo, se gener√≥ mucha expectativa social por el ‚Äúping√ľino‚ÄĚ que ven√≠a con aires nuevos desde el ‚Äúsur‚ÄĚ del pa√≠s. Con sus ‚Äúverdades relativas‚ÄĚ y su promesa de restituir la pol√≠tica, como se√Īalar√≠a en su discurso de asunci√≥n. Pero, ¬Ņqu√© pol√≠tica pod√≠a restablecerse, si la pol√≠tica no puede ser m√°s que sin√≥nimo de defensa de intereses personales, enriquecimiento personal, impunidad, mentiras y ocultamiento? Aqu√≠ ingresamos nuevamente en el punto nodal de este trabajo. La Pol√≠tica, aunque relacionada en muchos pa√≠ses, entre ellos el nuestro, a esos ‚Äúvalores‚ÄĚ, lejos est√° de representar eso. La Pol√≠tica, vale la pena recordarlo, naci√≥ en la Grecia antigua como una actividad compartida y p√ļblica relacionada con el bien de la polis, con el bien de la comunidad. La Pol√≠tica, adem√°s, no es igual a los pol√≠ticos. Primera cuesti√≥n a dejar en claro. Si bien es cierto, como se√Īalamos, que la pol√≠tica implica la seducci√≥n de ‚Äúvenderse‚ÄĚ ante la audiencia, ello es, o deber√≠a ser, s√≥lo un medio circunstancial para alcanzar un fin general y m√°s trascendente que es lo que definimos como la b√ļsqueda del bien com√ļn. Es lo que Rousseau, palad√≠n de la democracia moderna, denominaba la ‚Äúvoluntad general‚ÄĚ, que era la voluntad del Pueblo como soberano y Gramsci, desde otra concepci√≥n, vinculaba a la formaci√≥n de una ‚Äúvoluntad colectiva‚ÄĚ de ra√≠z ‚Äúnacional y popular‚ÄĚ. La Pol√≠tica implica la b√ļsqueda de un proyecto colectivo y horizontal de defensa de las demandas y valores del conjunto de sus integrantes. Complejo problema en sociedades con amplios y fragmentados intereses, valores y demandas que muchas veces entran en contradicci√≥n entre s√≠. Los representantes pol√≠ticos, precisamente, son los servidores del Pueblo, los que deben escuchar y satisfacer las m√ļltiples demandas que estos √ļltimos les dirigen.

 

La principal demanda de fines del 2001 y comienzos del 2002 era ‚Äúque se vayan todos‚ÄĚ. Que se vayan, porque no hab√≠an logrado satisfacer los derechos b√°sicos, el derecho a una vida digna, con trabajo, educaci√≥n, salud. Tambi√©n era una demanda de dirigentes de partidos tradicionales que s√≥lo se hab√≠an enriquecido personalmente, que dec√≠an una cosa y hac√≠an otra, o que traicionaban las banderas hist√≥ricas de sus partidos.

 

Con el ascenso de N√©stor Kirchner, la econom√≠a logr√≥ ser r√°pidamente estabilizada, as√≠ como la situaci√≥n de caos y anomia social. Se impuso, as√≠, un orden que otorg√≥ paz y gobernabilidad pol√≠tica y mejoras socio laborales tangibles y concretas para gran parte de la poblaci√≥n. Se crearon millones de puestos de trabajo, se incrementaron los salarios y jubilaciones a montos razonables, se apoy√≥ el desarrollo industrial y cient√≠fico, se mejor√≥ macroecon√≥micamente, con una in√©dita reducci√≥n del √≠ndice de endeudamiento externo en relaci√≥n al Producto Bruto Interno y una in√©dita mejora de todos los indicadores econ√≥micos (consumo, inversi√≥n, demanda) y sociales (desempleo, subempleo, pobreza, indigencia). Al mismo tiempo, se foment√≥ una activa y vigorosa pol√≠tica de defensa de los Derechos Humanos que claramente se ubic√≥ a la izquierda, e hizo m√°s, de lo que pod√≠an constituir las demandas sociales de la mayor√≠a de la poblaci√≥n. Me atrevo a decir, nuevamente sin ser original, que, en el campo socioecon√≥mico y de defensa de los Derechos Humanos, N√©stor Kirchner fue el mejor presidente que hemos tenido en los √ļltimos 50 a√Īos.

 

Creo que Kirchner ha logrado, no s√≥lo mediante su discurso progresista y sus actos simb√≥licos de reparaci√≥n, sino tambi√©n mediante pr√°cticas pol√≠ticas concretas y tangibles, recuperar con coherencia ideol√≥gica los principios doctrinarios b√°sicos del peronismo hist√≥rico, basados en la independencia econ√≥mica, la soberan√≠a pol√≠tica y la justicia social. En ese sentido, pese a que es imposible realizar una demarcaci√≥n objetiva, y pese a que algunos indicadores socioecon√≥micos (especialmente, el nivel de inequidad distributiva y trabajo informal) y algunas alianzas con sectores que no son precisamente ‚Äúprogresistas‚ÄĚ (como algunos sindicalistas y gobernadores peronistas), pueden expresar lo contrario, entiendo que lo que permiten, en cambio, es remarcar los matices que se hacen presentes en todo proceso pol√≠tico. En ese contexto, me animo a decir que Kirchner fue un presidente que, no sin importantes contradicciones, puede ser situado no s√≥lo dentro de la izquierda del peronismo, sino tambi√©n como un l√≠der de centro-izquierda o, como lo definen los peronistas, como un dirigente nacional y popular aut√©ntico, un verdadero l√≠der de la izquierda nacional que logr√≥ trascender con hechos palpables lo meramente ret√≥rico.

 

No obstante, como dije al comienzo, la intenci√≥n de este ensayo no es hacer un recorrido por los principales elementos que definieron lo que Nun hace un tiempo se√Īalaba atinadamente como un ‚Äúnacionalismo sano‚ÄĚ. El elemento m√°s interesante e importante del recordado gobierno de N√©stor Kirchner fue su revalorizaci√≥n de la pol√≠tica, o, mejor a√ļn, su revalorizaci√≥n y enaltecimiento de la Pol√≠tica. Una Pol√≠tica que, a diferencia de la sigla K, que, en una intencional maniobra medi√°tica iniciada en 2008, pas√≥ de ser positiva (recuerdo que algunos lo asociaban inicialmente a la K de Keynes), a ser vinculada a una cuesti√≥n puramente negativa y descalificadora, recuper√≥ su protagonismo. ¬ŅCu√°l protagonismo? El que la vincula con el debate p√ļblico enmarcado en la presencia de ideas antag√≥nicas y, sobre todo, el de la b√ļsqueda de un proyecto colectivo e igualitario de transformaci√≥n radical que logra satisfacer las m√ļltiples demandas sociales insatisfechas de la poblaci√≥n, con particular √©nfasis en las demandas insatisfechas de los sectores populares. Es el proyecto de una democracia entendida como el gobierno del Pueblo y para el Pueblo, por la v√≠a inevitable de representantes populares electos democr√°ticamente por la ciudadan√≠a.

 

Ahora bien, la Pol√≠tica no s√≥lo fue revalorizada de este modo, frente a aquellos sectores que la niegan en busca de una ut√≥pica reconciliaci√≥n consensual. Lo fue tambi√©n a trav√©s de una recuperaci√≥n hist√≥rica del significado de la palabra pol√≠tica. La palabra del l√≠der recuper√≥ esa fuerza ilocucionaria que permit√≠a emocionar y generar identificaciones colectivas capaces de movilizar a la ciudadan√≠a en torno a ideales compartidos. Ideales, por ejemplo, como la independencia econ√≥mica, la soberan√≠a pol√≠tica y la justicia social, que hist√≥ricamente eran la bandera que identificaba al peronismo. Pero tambi√©n, ideales m√°s generales que exceden al peronismo, y que han costado la vida de miles de militantes a lo largo de nuestra historia, como el valor universal de la igualdad, la solidaridad, la paz y la democratizaci√≥n social. Una revalorizaci√≥n de la palabra pol√≠tica que permite confiar en que no existe una distancia flagrante entre el decir y el hacer, entre la l√≥gica militante y con convicciones y la acci√≥n concreta a favor de la sociedad[2]. Este ‚Äúethos militante‚ÄĚ, que se ha destacado como su valor supremo, tiene la importancia de haber revalorizado a la Pol√≠tica militante y apasionada de otros tiempos, frente a la noventista dominaci√≥n de los tecn√≥cratas, aquellos economistas iluminados de presunto saber superior que, bajo el manto de la racionalidad y objetividad en la gesti√≥n de lo p√ļblico, no hicieron m√°s que desprestigiar a la Pol√≠tica en su medio m√°s importante para alcanzar el bien com√ļn, que es transformando en sentido progresista y radical la realidad social.

En efecto, para alcanzar el bien de la comunidad, resulta necesario transformar la realidad. La Política, precisamente, es una herramienta que, siempre en el marco de un proyecto colectivo, permite modificar la realidad. Resulta claro que, a primera vista, permite modificarla por diferentes vías. La elegida por el gobierno de Néstor Kirchner fue la que priorizó sin dudar a los que menos tienen. La que dejó de favorecer prioritariamente los intereses de los sectores dominantes, como había sido moneda corriente al menos entre 1987 y el 2002, para favorecer a los desposeídos, a los incontados, a los sectores subalternos que no tienen el poder de expresarse más allá de su voz y su voto.

 

Siempre nos vemos obligados a elegir, impl√≠cita o expl√≠citamente, si pretendemos identificarnos y defender a los que m√°s tienen, a los sectores concentrados y con privilegios, o bien identificarnos y defender a los que menos tienen, al Pueblo, a los olvidados, resignados y discriminados. Debemos elegir, y de hecho siempre lo hacemos, entre defender a los trabajadores y a los sectores populares, o defender a los grandes empresarios y las corporaciones. Entre identificarnos con los sectores hist√≥ricamente dominantes y explotadores, los due√Īos de la tierra y el capital, o priorizar la defensa de los dominados, explotados y olvidados por la historia oficial. Entre defender los privilegios, o bien la igualdad y la democracia. Claramente, si bien con inevitables marchas y contramarchas, vacilaciones y contradicciones, creo sinceramente que a partir del 2003 se decidi√≥ priorizar en todo sentido a los que menos tienen. Y ello s√≥lo se pudo hacer con decisi√≥n pol√≠tica y mucho coraje y valent√≠a democratizadora para enfrentarse a los intereses dominantes que siempre se resisten y resistir√°n a perder sus hist√≥ricos privilegios.

 

Como en ning√ļn momento, pese a los vaivenes, se claudic√≥ en la defensa de esas banderas pol√≠ticas, banderas que se extendieron a los m√°s grandes poderes pol√≠tico-econ√≥micos, desde el empresariado local m√°s concentrado y el establishment internacional, hasta la Iglesia y las Fuerzas Armadas, se logr√≥ recrear con valent√≠a y coraje el fracturado v√≠nculo entre representantes y representados, entre el l√≠der y su pueblo. Con ello, se revaloriz√≥ a la Pol√≠tica en su capacidad de transformar cr√≠tica y radicalmente la realidad social, y se recuper√≥ a la palabra pol√≠tica como capacidad de debatir ideas antag√≥nicas en un marco de respeto y fomento a la pluralidad.

 

Pero adem√°s, creo que se produjo una tercera, y no menos importante, revalorizaci√≥n de la Pol√≠tica, esta vez, en el sentido lacaniano de hacer lo imposible, de ‚Äúpatear el tablero‚ÄĚ. Es esta Pol√≠tica audaz y corajuda la que permiti√≥ a Kirchner decir ‚Äúbajen ese cuadro‚ÄĚ, por el cuadro de Videla, o a atreverse a decirles a los due√Īos del capital que la Argentina dejaba de ser esclava de las imposiciones del establishment financiero internacional. Se pas√≥, as√≠, del m√≠tico Fin de la Historia y la administraci√≥n iluminada de los tecn√≥cratas consensualistas al servicio de los tradicionales sectores dominantes, al gobierno de la decisi√≥n pol√≠tica a favor de los despose√≠dos y el debate pol√≠tico acerca de la democratizaci√≥n de la democracia, en el marco de proyectos antag√≥nicos e irreconciliables sobre la marcha del pa√≠s.

El ethos militante de Kirchner, ese ethos inclaudicante que se remonta a sus comienzos de militancia en los a√Īos ¬ī70 en la Juventud Peronista, ha sido tan fuerte y decidido que creo que, literalmente, podemos decir que el ex Presidente dej√≥ la vida por sus valores e ideales. Su zoon politikon, su animal pol√≠tico, termin√≥ por destruirlo, como met√°fora perfecta de aquella forma de vida tan valorada hasta la tr√°gica Dictadura c√≠vico-militar, y tan denostada desde entonces por los poderes concentrados como modo impl√≠cito de disciplinar la lucha y las reivindicaciones populares.

 

El legado m√°s importante de Kirchner, entonces, es la revalorizaci√≥n de la importancia de la Pol√≠tica. Dos acontecimientos concretos, entre muchos otros, ponen de manifiesto, en toda su magnitud, este legado. El primero, la recuperaci√≥n de las movilizaciones activas a Plaza de Mayo en defensa de los derechos sociales y laborales de los trabajadores y minor√≠as, ya sea la ley de democratizaci√≥n de los medios, el matrimonio igualitario o la defensa de la educaci√≥n p√ļblica. El segundo, la masiva y totalmente espont√°nea concurrencia que ha generado su tr√°gico fallecimiento. Ambos elementos ponen de manifiesto, muy a pesar de las corporaciones empresariales (entre ellas, la corporaci√≥n medi√°tica) que la Pol√≠tica ha recuperado las calles, que la militancia activa y sus deseos de transformar radicalmente el mundo vuelven a la escena, frente a aquellos poderes que desean mantener como sea sus hist√≥ricos privilegios. Un mundo en el que las ideas y valores pol√≠ticos vuelven a tener un protagonismo transformador, aunque esta vez en sentido progresista e igualitario, frente a la pol√≠tica regresiva y la l√≥gica dictatorial y segregada de transformaci√≥n del neoliberalismo y su pensamiento √ļnico. Una pol√≠tica democratizadora y popular en la que la palabra ‚Äúcrispaci√≥n‚ÄĚ adquiere sentido solamente con una negaci√≥n de lo que en verdad significa, la pasi√≥n de y por Cris, la ‚Äú(cris) pasi√≥n‚ÄĚ militante que ha retornado por la actividad pol√≠tica y que las almas bellas racionalistas no pueden entender, reducidas a pensar que lo √ļnico que puede movilizar colectivamente a la sociedad es ‚Äúun pancho y una coca‚ÄĚ.

Es la recuperaci√≥n de la pasi√≥n humana y la racionalidad cr√≠tica por un verdadero proyecto colectivo e incluyente de transformaci√≥n social que ha dado vuelta el significado asociado a la pol√≠tica en mucha gente que desconfiaba de aquella, para revalorizar la importancia de la militancia, el debate y combate plural de ideas y proyectos colectivos, la necesaria rebeld√≠a y la cr√≠tica social al modelo de dominaci√≥n. Una cr√≠tica pol√≠tica y cultural tendiente a modificar radicalmente la sociedad, pero ya no para que nada cambie, para que dominen veladamente los mismos de siempre, como fue el intento gatopardista del gobierno de De la R√ļa, sino m√°s bien para terminar con toda forma de opresi√≥n y explotaci√≥n econ√≥mica, pol√≠tica, social y cultural de los sectores que hist√≥ricamente han pose√≠do y poseen el poder, aquellos sectores privilegiados que s√≥lo pretenden mantener y perpetuar su hist√≥rica y brutal dominaci√≥n. Se√Īores, como nunca en mucho tiempo, se ha revalorizado y enaltecido el significado que adquiere la Pol√≠tica. Y para este logro popular y colectivo fue crucial la incansable lucha transformadora que llev√≥ a cabo el ping√ľino del sur, que ahora nos ha dejado en cuerpo para siempre. Sin embargo, nos deja como herencia su proyecto, su rebeld√≠a y sus convicciones profundas. Algunas veces me pregunto por qu√© los pol√≠ticos que denigran a la Pol√≠tica desde la propia pol√≠tica para ponerla al servicio de la dominaci√≥n de los sectores privilegiados, los Videla, Margaret Thatcher, Pinochet, Reagan, Menem, De la R√ļa, suelen tener una larga vida, y muchos de los m√°s fieles defensores de la Pol√≠tica como praxis transformadora de toda forma de injusticia y dominaci√≥n, suelen morir tan j√≥venes. Quiz√°s porque, pese a sus imperfecciones, s√≥lo los que defienden de verdad ideas y valores que los trascienden, los que priorizan proyectos colectivos de democratizaci√≥n social, en lugar de pensar en las mejores f√≥rmulas y t√©cnicas marketineras de manipulaci√≥n ideol√≥gica para gestionar sin conflictos desde arriba, tienen la pasi√≥n y las convicciones necesarias para morir tan j√≥venes por sus ideales. N√©stor Kirchner ha muerto, pero su legado reci√©n comienza, dejando un camino que muchos no dejar√°n morir.

 

"Quisiera que me recuerden, sin llorar ni lamentarse. Quisiera que me recuerden, por haber hecho caminos, por haber marcado un rumbo, porque emocion√© su alma, porque se sintieron queridos, protegidos y ayudados, porque nunca los dej√© solos, porque interpret√© sus ansias, porque canalic√© su amor. Quisiera que me recuerden junto a la risa de los felices, la seguridad de los justos, el sufrimiento de los humildes. Quisiera que me recuerden, con piedad por mis errores, con comprensi√≥n por mis debilidades, con cari√Īo por mis virtudes. Si no es as√≠, prefiero el olvido, que ser√° el m√°s duro castigo por no cumplir con mi deber de hombre".

 

Poema del detenido desaparecido Joaqu√≠n Areta, le√≠do por N√©stor Kirchner en la Feria del Libro de Buenos Aires del a√Īo 2005. Disponible en http://www.youtube.com/watch?v=1ponih2NAwQ

 

Este ensayo fue publicado también en la revista Globalización. URL: http://rcci.net/globalizacion/2011/fg1247.htm

 



[1] Mag√≠ster en Ciencia Pol√≠tica y Sociolog√≠a (FLACSO Argentina), Becario doctoral (CONICET-UNGS), Doctorando en Ciencias Sociales (UBA). Autor, en esta misma Revista, de ‚ÄúEl legado pol√≠tico de Ra√ļl Alfons√≠n‚ÄĚ, N√ļmero 9, Marzo de 2010. Disponible en http://www.revcienciapolitica.com.ar/ediciones.php

[2] Aqu√≠ resulta importante destacar dos puntos, ya que suelen ser moneda corriente de la cr√≠tica ideol√≥gica al kirchnerismo. En primer lugar, se ha se√Īalado que N√©stor Kirchner se enriqueci√≥ durante la Dictadura c√≠vico-militar y que no milit√≥ a favor de los Derechos Humanos, sino hasta su llegada al poder. Aunque el primer punto parece ser cierto, am√©n de que el enriquecimiento parece haber sido realizado por medios l√≠citos, el segundo no lo es, en tanto ha aparecido recientemente un archivo del a√Īo 1983 que, a diferencia de gran parte de los dirigentes ortodoxos de su partido de aqu√©llos a√Īos, muestra a un joven N√©stor, junto a su joven pareja Cristina, criticando al llamado Proceso, e incluso pidiendo el juzgamiento a los m√°ximos responsables del Terrorismo de Estado. El mismo puede verse en el siguiente link: http://www.youtube.com/watch?v=siuGYpy-G3A. El segundo punto conflictivo es la relaci√≥n de Kirchner con el menemismo. Se ha se√Īalado que N√©stor Kirchner fue menemista, dejando como constancia el apoyo de aquel a su Gobierno (al respecto, v√©ase http://www.youtube.com/watch?v=A8ge9L1BGi8). En relaci√≥n a este punto, se debe reconocer que, en el momento de hacerse la privatizaci√≥n de YPF, el kirchnerismo respald√≥ al oficialismo debido, como el propio Kirchner asume en el video, a los beneficios que los fondos de la coparticipaci√≥n y regal√≠as derivadas de su futura privatizaci√≥n le otorgaran a su provincia. Debemos mencionar, en ese sentido, que, seg√ļn consta en los anexos del discurso presidencial de Menem del 1 de marzo de 1995 ante el Congreso Nacional, un 29% de las ganancias por la venta de YPF fue a las provincias en concepto de regal√≠as hidrocarbur√≠feras (Anexos al discurso presidencial de Menem, 1995, p. 324). No obstante ello, ser√≠a un error creer que este apoyo resume una identificaci√≥n directa de Kirchner con el menemismo. Como una prueba de ello, en un archivo del diario P√°gina 12 del 30 de junio de 1994 por motivo de una reuni√≥n privada entre el entonces presidente Menem y el gobernador santacruce√Īo, N√©stor Kirchner le confesar√° lo siguiente: ‚ÄúYo no le voy a mentir. Nunca fui menemista. No puedo venir como un converso‚ÄĚ (citado en P√°gina 12, 30/06/94).